El conflicto bélico en la parte este de Ucrania dio lugar a dos acuerdos: el Protocolo de Minsk de setiembre de 2014 y otro convenio firmado cinco meses después. El primero no fue ratificado por el parlamento ucraniano, por lo que no tiene efecto jurídico. El segundo fue ratificado, pero requería la modificación de la constitución ucraniana antes de finales de 2015, lo cual no sucedió.
Ninguno de los dos convenios les da categoría de repúblicas a Donetsk ni a Luhansk (Lugansk en ruso); esos territorios son considerados como «regiones» en el primer protocolo, y como «distritos particulares» y también óblasts en el segundo. La resolución fue asumida por el poder legislativo ucraniano (rada) siete meses después de su firma.
Donetsk y Luhansk son distritos particulares ucranianos, no son repúblicas
En un septenio posterior, el gobierno de Vladímir Vladímirovich Putin ha acusado a Ucrania de actividades neonazis. No solo eso, también de que ha habido una masacre en la región en conflicto (conocida como el Donbás) y de fabricación de armas químicas, y con todos esos argumentos reconocen a las dos «repúblicas populares», no vistas así por Ucrania (la cual entiende que son distritos particulares u óblasts de ella), para darles «asistencia» militar, que es la manera disfrazada de intervenir militarmente a un Estado.
La interferencia militar en un Estado sin solicitarse es una violación a los principios del derecho internacional público. Así lo definió Fortalecimiento Institucional en el párrafo 7 de su declaración de 25 de marzo de 2022 porque la norma internacional debe sustentarse en la igualdad soberana de los Estados y la solución de sus controversias por medios pacíficos.
El «club democrático»
Los Estados miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas han votado dos veces sobre la guerra rusoucraniana. Al mes de la intervención 140 Estados reclamaron al gobierno de Vladímir Putin la salida inmediata de Ucrania, solo se opusieron las delegaciones de la misma Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea y Siria, y el 23 de febrero pasado los Estados contrarios a la intervención sumaron 141, pero el al «club» contrario se agregaron Malí y Nicaragua.
Además de estos Estados tan característicos en su gestión de la «democracia» hay personas que apoyan las acciones del gobierno de Putin en Ucrania. La razón a esta conducta se debe a la posición antiyanqui, que de acuerdo con el presidente chino Mao Tsetung no se podía coincidir con el enemigo sin revisarse, y para ellos, los gobiernos estadounidenses son sus permanentes «enemigos», es decir, que pesa más la emoción que la razón.
La política debe ser guiada por principios y por valores. No se debe condenar una intervención y aplaudir otra en función de quien la ejecute, y los principios de soberanía y de autodeterminación son los que deben primar, aunque conocemos que muchos están cansados del orden mundial impuesto desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial.
