Shajar al Dur fue proclamada malika al muslimim, es decir, reina de los musulmanes en mayo de 1250. ¿Una mujer gobernando en un Estado islámico? Una de las maniobras lograda por ella para mantenerse en el poder fue casarse en breve tiempo con el emir turco Iz Al Din Aybak, a quien se le dio el título de atabeg, es decir, tutor militar, pero ella mantuvo la jefatura nominal.
Al dominio de Shajar se opuso el califa de Bagdad Al Musta’sim. La sultana abdicó en junio (Tyerman fechó el acontecimiento en julio) a favor de su marido Al Din Aybak, y de esta manera los mamelucos se convirtieron en gobierno.
Mientras Luis IX había logrado pagar una recompensa para ser liberado por las autoridades egipcias. Se estableció en Acre con un batallón de templarios, dirigidos por el mariscal Reinaldo de Vichiers, y este implementó una alianza a espaldas del rey francés con el sultán de Siria An Nasir Yusuf, quien pretendía el dominio ayubí en Egipto.
Aybak el titiritero
Había una mascarada «ayubí». Aybak había puesto como sultán a un niño de seis años, llamado Al Ashraf Musa, pero evidentemente el poder real lo tenía el esposo de Shajar, y en Abasa, las tropas de An Nasir llegaron en febrero de 1251. Sin embargo, el gobierno egipcio las doblegó con la táctica de la infiltración de azizíes (quienes eran mamelucos encubiertos), y el mismo dirigente sirio tuvo que huir.
La derrota siria permitió la expansión mameluca. Tomaron el control de Palestina y de Gaza, mientras que en Francia moría el 27 de noviembre de 1252 la regente Blanca de Castilla ocasionando una disminución de los recursos para Luis IX, quien se encontraba en Tierra Santa, y casi un año después el papa Inocencio IV retornó a Roma.
Inocencio IV mantuvo una línea de oposición, no solo contra el emperador Federico II, sino también rechazaba que el hijo del emperador, Conrado IV, asumiera el reinado.
Ausencia occidental en Jerusalén
Los mongoles pretendían ocupar la Tierra Santa. Corral escribió que:
En 1253, en un kurihai celebrado en el curso alto del Onón, los jefes mongoles encargaron al príncipe Hulegu la conquista de Jerusalén; el plan se inscribía en un amplio acuerdo cerrado con el rey cristiano Hetum I de Armenia, vasallo del Imperio mongol. La formidable maquinaria de guerra que era el ejército mongol se puso en marcha. Varios miles de soldados atravesaron las cordilleras de Asia Central e irrumpieron en territorio musulmán (Corral, 2006, pág. 57).
El califato abasí era el objetivo. No solo era la conquista de Jerusalén, sino dominar Persia, Irak, Siria, Palestina y Egipto, sin embargo, Luis IX retornó a Francia al año siguiente.
El 1254 se constituyó el año de la ausencia occidental en la Tierra Santa. Las órdenes militares quedaron sin un líder de relevancia; Inocencio IV, convocante de la séptima cruzada, estaba focalizado en Sicilia enfrentando a Manfredo, hijo extramatrimonial de Federico II, en Nápoles, pero no pudo con él en Foggia el 2 de diciembre, y a los cinco días posteriores, el pontífice murió.
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