El triunvirato formado por los generales Gregorio Luperón, Pedro Antonio Pimentel y Federico de Jesús García de la Cruz venció al presidente Buenaventura Báez. Este último tuvo que salir del país, pero entre los miembros del triunvirato las contradicciones eran tan fuertes que el general Luperón tuvo que pedir la disolución del triunvirato, y la colocación de José María Cabral como presidente interino de la república.
El presidente Cabral propuso el 2 de noviembre de 1867 que Luperón asumiera la Presidencia. Las razones fueron que el expresidente Báez había logrado una rebelión en el noroeste con el respaldo del presidente haitiano Sylvain Salnave, pero Luperón rechazó la propuesta diciendo que «no le parecían los momentos más adecuados para firmar una abdicación».
El 2 de mayo de 1868 Báez recuperó el poder. Sin embargo, mantuvo un hostigamiento por parte de los expresidentes Luperón y Cabral, y dos meses y una semana después Luperón se proclamó presidente, pero tuvo que huir fuera del país desde Samaná.
Surge el Partido Verde
Más que Luperón, líder del restaurador Partido Azul, quien pudo desplazar a Báez fue Ignacio María González. Báez era quien encabezaba el Partido Rojo, pero el 25 de noviembre de 1873 empezó a dominar el Partido Verde del general González, la llamada Revolución unionista, iniciada en Puerto Plata.
González tuvo que enfrentarse a Luperón. Este último solicitaba que se le restaurara los recursos utilizados en su combate frente a Báez desde el barco El Telégrafo, al contrario, el presidente González ordenó un trienio después el apresamiento del líder del Partido Azul.
El 27 de enero de 1876, Luperón auspició en Santiago a través de la Liga de la Paz el derrocamiento de González. Además de Santiago se alzó Puerto Plata y Montecristi con la participación de Benito Monción y Juan Isidro Jimenes, y a González no le quedó de otra que renunciar a la Presidencia tres semanas y cinco días más tarde.
Luperón auspicia el ascenso de Espaillat
Espaillat ejerció un gobierno tan pulcro que en estos días se celebra el 29 de abril como el Día de la Ética Pública, y esa fecha coincide con la proclamación de la constitución de 1963. Al criterio del ex subsecretario de Estado estadunidense Sumner Welles, Espaillat:
Se daba perfectamente cuenta de que la popularidad de que gozaba al instalarse como Presidente, se esfumaría rápidamente cuando el Gobierno se viera obligado a imponer medidas que afectaran el bolsillo de los ciudadanos; y que el apoyo de muchos de los jefes militares, ofrecido espontáneamente al principio, sería retirado rápidamente cuando encontraran que el Gobierno no tenía favores ni privilegios pecuniarios especiales que ofrecerles.
