El primer ministro de Israel, David Ben Gurión, respondió el 7 de noviembre de 1956 al presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower. En su comunicación, se comprometió a retirar las tropas israelíes del territorio egipcio, condicionado a que la presencia de fuerzas de Naciones Unidas, compuestas principalmente por contingentes brasileños, garantizaría la protección frente a posibles ataques de los fedayines.
Ante el parlamento israelí, Ben Gurión planteó siete puntos:
(1.) El armisticio con Egipto ya no existirá y podría no ser restaurado.
(2.) Como consecuencia, las líneas del armisticio carecieron de validez.
(3.) No hubo disputa entre el pueblo de Israel y el pueblo de Egipto.
(4.) No queremos que nuestras relaciones con Egipto permanezcan en este estado anárquico y estamos dispuestos a emprender negociaciones directas, sin condiciones previas, de lado a lado.
(5.) Esperamos que todos los pueblos partidarios de la paz apoyen nuestra intención de negociar e, incluso si no están preparados para obtener una paz permanente, que respeten los acuerdos de armisticio. Eso es lo que hará Israel.
(6.) Bajo ningún pretexto Israel aceptará la existencia de fuerzas militares extranjeras en su territorio.
(7.) Israel no luchará contra ningún país árabe, ni siquiera Egipto, a menos que sea atacado (Ghivelder, 2006).
Siria se quiere fusionar con Egipto
A comienzos de enero de 1957, Francia, Israel y Reino Unido se retiraron de Egipto. El presidente egipcio, el coronel Gamal Abdel Naser, se consolidó como un héroe panarábigo; intensificó las nacionalizaciones de empresas francesas y británicas y encarceló a cientos de israelíes, estrechando relaciones con Unión Soviética, que le suministró armamento.
Naser se convirtió en el símbolo de la unidad árabe y promovió la idea de justicia social en la región. Por su parte, Siria temía una posible invasión por parte de Turquía, Irak o Jordania, o que el Partido Comunista tomara el poder, por lo cual decidió unirse a Egipto para formar la República Árabe Unida.
Dina Rezk escribió que:
En el auge de las operaciones encubiertas que caracterizó esta época, el SIS y la CIA conspiraron para ejecutar un golpe de Estado en Damasco en 1956, que fue frustrado por los servicios de inteligencia sirios. En 1957, un segundo complot de la CIA, con nombre en clave Operación Wappen, intentó, sin éxito, orquestar otro derrocamiento militar en Siria, lo que finalmente obligó al notoriamente débil presidente Quwatly a buscar el apoyo de la Unión Soviética. A su vez, el partido Baaz sirio apeló a Nasser para que los salvara de la infiltración comunista en el gobierno sirio (Rezk, 2017).
Eisenhower acusa al gobierno sirio de Quwatli de infiltración comunista
El gobierno de Eisenhower miraba con desconfianza al régimen sirio porque se negaba a integrarse al Pacto de Bagdad —formado por Irak y Jordania—, mientras mantenía estrechos lazos comerciales con Unión Soviética bajo la presidencia de Quwatli. Para destituirlo, la Central de Inteligencia de Estados Unidos asignó esta tarea a Kermit Roosevelt y Wilbur Eveland, el primero había liderado exitosamente el derrocamiento del primer ministro iraní Muhamad Mosadeq un cuadrienio antes.
Roosevelt y Eveland promovieron la desestabilización interna mediante guerra psicológica y provocaciones fronterizas, facilitando recursos a miembros del ejército sirio, difundiendo rumores sobre supuesta infiltración comunista en el gobierno de Quwatli e incitando ataques contra Turquía e Irak.
Los sobornos militares fueron detectados por el coronel Abdel Hamid Sarraf, jefe de Inteligencia sirio. Como resultado, Howard Stone, diplomático estadunidense, fue expulsado de Siria tras descubrirse su participación en actividades conspirativas dentro de las fuerzas armadas.
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