El fallecido sultán otomano Mehmed II respaldaba a uno de sus dos hijos como sucesor al trono. El preferido era Cem, quien además contaba con el apoyo de los jenízaros y la nobleza; sin embargo, tras una guerra civil, su hermano Bayezid, entonces gobernador de Amasia, se consolidó finalmente como sucesor del llamado Conquistador.
Miguel Ángel de Bunes escribió que:
En gran medida, en torno a su persona [Bayezid II] se concentraba la oposición política y la disidencia a la acción de gobierno de su padre, hombre demasiado aficionado a la guerra. Conociendo estas circunstancias, y sabiendo que Amasia era un núcleo opuesto a la línea oficial de la Sublime Puerta, el gran visir Karmani Mehmet Pachá apoyó decididamente la candidatura de Cem, que gobernaba Konya, y que contaba con el apoyo de algunas milicias provinciales y de los grupos turcomanos que recelaban de la existencia de un poder centralizado demasiado fuerte en Estambul. El hijo de Bayecit, Korkut Çelebi, accede al trono en nombre de su padre mientras que llega a Estambul, mientras que Cem se traslada con su ejército a Bursa. En una batalla cerca de la ciudad de Yenisehir se enfrentan los dos contendientes; el ejército de Bayaceto es mandado por el conquistador de Otranto, Gedik Ahmed Pachá. El general de Bayaceto vence fácilmente a los hombres de Cem, príncipe que huye apresuradamente para refugiarse bajo la protección del sultán mameluco de El Cairo. La inestabilidad es aprovechada por el antiguo emir de Karamania, Kasim Bey, que estaba refugiado en territorio de los Akkoyunlu, para intentar recuperar sus dominios, aunque es derrotado por el general del sultán. Kasim Bey reclama a Cem que vuelva a Anatolia, y le promete su ayuda y la de bastantes grupos otomanos descontentos con la nueva política de Estambul, acciones a las que no es ajeno el sultán mameluco (de Bunes Ibarra, 2015).
Karamán como amortiguador entre mamelucos y otomanos
El beylicato de Karamán servía de amortiguador entre el sultanato mameluco y el Imperio otomano. Al ser desintegrado por los otomanos, surgió la posibilidad de un conflicto entre ambos poderes.
En paralelo, otra guerra comenzó en el Mediterráneo occidental, donde Fernando e Isabel tomaron Granada en 1481, aunque las operaciones se detuvieron dos años después.
Los mamelucos derrotan a los otomanos
Martínez escribió que:
Por la necesidad de la Corona de recaudar fondos para los gastos de la guerra, y aprovechando que no se había producido una desmovilización de las fuerzas concentradas, el maestre de Santiago y antiguo confidente servidor de la Corona, a quien habían confiado la defensa de la frontera de Ecija, don Alonso de Cárdenas, fue incitado a hacer una incursión hasta los alrededores de Málaga por sus propios adalides o exploradores, hombres que siendo en su mayoría moros desertores o renegados, eran utilizados por los jefes fronterizos para reconocer el campo enemigo o guiar las expediciones merodeadoras ( (Martínez Teixidó, 2014).
La expedición a Málaga no tuvo éxito en 1484. En el año siguiente, en el Mediterráneo oriental, el pachá otomano Hersekzade Ahmed ordenó una invasión con fuerzas militares en Adana y Tarso, territorios mamelucos en Cilicia que estaban bajo control de los ramánidas, quienes actuaban bajo la autoridad del emir mameluco Uzbeg. Mediante tácticas de movilidad y emboscadas derrotaron a las fuerzas otomanas en 1485 durante la Batalla de Ağaçayırı y capturaron al comandante del ejército invasor.
