ZÚRICH — Mientras Israel y Estados Unidos bombardearon Irán en junio de 2025, las calles de Zúrich—escenario reciente de protestas contra la invasión rusa a Ucrania—guardaron un silencio sepulcral. Nadie salió a condenar la acción. Ninguna consigna llenó las plazas. La neutralidad suiza, otrora baluarte de principios diplomáticos, volvió a inclinar la balanza según conveniencia. Y eso tiene consecuencias.
El derecho, según quién lo viole
Occidente reaccionó con vehemencia a Rusia en 2022: sanciones históricas, expulsiones financieras, aislamiento diplomático. Pero cuando los misiles llevan insignias de aliados estratégicos, las reglas parecen volverse opcionales. Ni OTAN ni la mayor parte de Europa alzaron la voz tras los bombardeos israelíes y estadounidenses. En cambio, se habló de “autodefensa preventiva”.
¿Dónde queda entonces el derecho internacional? ¿En la letra o en la geopolítica del momento?
La neutralidad en crisis
Suiza—que congeló activos rusos y abandonó su histórica neutralidad—no aplicó el mismo estándar ante las potencias occidentales. La Bahnhofstrasse sigue siendo refugio financiero para aliados, no para enemigos. Zúrich, usualmente distante, se ha convertido en un reflejo incómodo de la doble moral global.
La narrativa también es geopolítica
Mientras la guerra en Ucrania fue portada bajo el título de “invasión no provocada”, los ataques a Irán fueron descritos como “quirúrgicos” y “necesarios”. El lenguaje no es inocente. Los medios occidentales, dominantes en el debate global, moldean percepciones según orígenes y aliados. Y esa distorsión perpetúa la arquitectura de impunidad.
Un sistema que pierde legitimidad
Cada vez más países del Sur Global cuestionan esta visión selectiva del orden internacional. Brasil, India y Sudáfrica se niegan a acompañar la narrativa hegemónica. No por simpatías, sino por la fatiga de un sistema que habla de universalidad, pero actúa con favoritismo.
La legitimidad del derecho internacional se erosiona cuando se aplica con doble estándar. No solo se socava la justicia, sino que se rompe el propio tejido de confianza que mantiene a flote el orden global.
¿Hacia un nuevo paradigma?
Desde este rincón pragmático de Europa, donde el capital fluye según intereses y no ética, la doble moral se ve con claridad. Pero también con urgencia: urge repensar un sistema que mida los actos, no las banderas. Donde la justicia no dependa del tamaño del ejército, sino de la integridad de las normas.
Mientras tanto, las nieblas sobre el Lago de Zúrich no solo ocultan los Alpes: también encubren la incoherencia del mundo que construimos.
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Whaoooo que buen encabezado periodístico 🙏👍🏿👍🏿👍🏿👍🏿
El tema Israel- Iran es más complejo de lo que pensamos, por una parte del mundo postrado a favor de lo más fuertes y por otra una falta de de apoyo que deja solo y desamparado al que por décadas se vanagloriaba de ser potencia nuclear. Solo nos queda ver desde los hermosos Alpes el desenlace esperado! Lastimosamente en este caso David no derriba a Goliat.
Excelente artículo visto desde la neutralidad conveniente de los más conservadores.