Los venecianos, identificados como europeos y cristianos, establecieron alianzas comerciales estratégicas tanto con los otomanos como con los mamelucos. A través de acuerdos arancelarios favorables con Egipto, Venecia obtenía algodón, especias y otras mercancías procedentes de Siria, Beirut y Alejandría, así como garantías para la seguridad en el transporte de reliquias desde Jerusalén.
La expansión portuguesa en el océano Índico tuvo repercusiones significativas para Venecia. No obstante, el sultán mameluco Al Ashraf Qansuh al Gawri mantenía una postura de cautela; ante sospechas de actividades de espionaje, detuvo a numerosos ciudadanos venecianos y ordenó el cierre del Santo Sepulcro en Jerusalén.
Esta atmósfera enrarecida llevó a Venecia a enviar a su embajador Domenico Trevisano. Antonio Rodríguez describió al sultán mameluco Al Gawri de la manera siguiente:
Hombre afable y modesto, aceptó el sultanato cuando tenía ya más de sesenta años. Pronto sus exageradas exacciones tributarias le hicieron impopular entre sus gobernados y entre los comerciantes extranjeros quienes llegaron a la conclusión de que el comercio de Egipto era una serie continua de molestias, vejaciones e impuestos extravagantes, sin contar la desvalorización oficial de la moneda, lo que hacía casi imposible el negociar. Con los fondos así adquiridos al-Ghuri fortificó plazas fronterizas, acomodó los santuarios de la Meca, derrochó lujo en el ceremonial de la Corte y, sobre todo, creó una gran fuerza de mamelucos (Rodríguez Moñino, 1945, pág. 127 y 128).
Al Gawri sospechaba de Venecia
Rodríguez, citó al fray Diego de Mérida, quien dijo que:
El Guardián de Jerusalén, el Prior de los godos [coptos] y el de Santa Cruz andaban libremente por la ciudad, lo mismo que el cónsul de los catalanes, españoles, franceses y florentinos. Sin embargo, los venecianos estaban todos encadenados (Rodríguez Moñino, 1945, pág. 130).
Los venecianos fueron tratados de esta manera por sospechas de una posible alianza con Persia. El shah Ismail, gobernante de Persia, también recibía propuestas de Portugal, mientras que Francia buscaba formar una alianza con los mamelucos a través de su embajador en Alejandría, Felipe de Peretes.
Esta gestión dio lugar a que el sultán mameluco Al Gawri enviara una carta a Luis XII, quien respondió con el envío de André Le Roy como embajador el 25 de marzo de 1512. Cerca de mes y medio después, Venecia envió a Trevisano a El Cairo.
Trevisano conversó con Al Gawri para contrarrestar a Le Roy
Su objetivo era contrarrestar las conversaciones entre el sultán mameluco Al Gawri y el embajador Le Roy; además, consiguió la apertura del Santo Sepulcro y la liberación de los cónsules y comerciantes venecianos. Rodríguez tomó nota del fray de Mérida para decir que la puerta del Santo Sepulcro:
Estaba trancada «con dos llaves que se cierran con candados muy gruesos», en manos del gobernador de la ciudad o de sus delegados. La apertura tenía características de hecho solemne «Es una grand sumtuosidad verlos venir, quando han de abrir, acompañados de muchos escuderos». La puerta quedaba abierta unos veinte minutos que los vecinos del lugar se apresuraban a aprovecha recorriendo las estaciones. Los extranjeros esperaban fuera hasta el último momento por quedarse a dormir en el interior del templo cuatro noches, alojados por los religiosos de la «nación» del peregrino, ya que cada Iglesia cristiana tenía una pequeña residencia dentro del templo (Rodríguez Moñino, 1945, pág. 122).
Al Gawri recibió visitas de representantes venecianos y franceses, así como del rey de Georgia, el sultán de Túnez, la autoridad de Adana, el sheriff de La Meca y embajadores otomanos y persas.
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Excelente, muchos datos interesantes.