El reino de Tremecén se había aliado con los berberiscos y los otomanos, lo que representaba una amenaza significativa para la navegación europea en el mar Mediterráneo. Ante esta situación, el rey Fernando el Católico decidió ocupar Orán, considerada la ciudad principal del norte africano, y contó para ello con el respaldo financiero del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, su consejero y arzobispo de Toledo.
Aragoneses e italianos conquistan a Orán
La expedición partió con una división compuesta por aragoneses e italianos, bajo el mando del almirante Pedro Navarro. El 16 de mayo de 1509, zarparon desde Cartagena y Málaga 90 barcos acompañados de 10 galeras.
Al día siguiente arribaron a Orán. Tras tres jornadas, la defensa local fue superada y las fuerzas expedicionarias lograron tomar el control de la ciudad gracias a la intervención de arcabuceros y ballesteros, y los soldados aragoneses e italianos saquearon la localidad y obtuvieron un notable botín.
Orán quedó bajo el control de la Arquidiócesis de Toledo. El cardenal Jiménez de Cisneros fue designado capitán general de África; cuando desembarcó en Mazalquivir había oficiado una misa solemne y una arenga a los soldados aragoneses e italianos, y «permanecía en retaguardia, vestido con sus hábitos pontificales y espada al cinto, símbolo del carácter cruzado de la empresa» (Hablar y Decir, 2025).
De Mafra de villano a héroe
La victoria de Fernando el Católico era observada por su colega de Portugal. El rey portugués Manuel también estaba interesado en la conquista de América, y con ese fin:
Ordena en secreto que se desplace a Sevilla a su súbdito Alonso Álvarez, con la delicada misión de sobornar a algunos de los pilotos prácticos en la Carrera de las Indias y de manera especial a Mafra [espía portugués], para que les informe cuáles han sido las rutas seguidas por estos marinos españoles para alcanzar tantas tierras incógnitas, qué riquezas encerraban estas nuevas posesiones castellanas, sus bondades e inconvenientes, y por último si algunos de estos lugares están dentro de las tierras adjudicadas a Portugal por el Tratado de Tordesillas rubricado conjuntamente por los dos reinos ibéricos, pero aún más, pretendía que nuestro piloto saliera a navegar en una carabela lusa para enseñar a sus pilotos los rumbos a seguir (Universidad Internacional de Andalucía-Ayuntamiento de Palos de la Frontera, 2011, pág. 78 y 79).
Los propósitos portugueses no se lograron. La Casa de Contratación de Sevilla tuvo un trabajo de inteligencia, y capturaron a Juan Ruyz de Mafra el 3 de noviembre de 1510.
De Mafra tuvo la suerte que fue descargado de la acusación de espía. Por el contrario, Juan Manzano Manzano afirmó que:
Mafra era, pues, un piloto famoso, distinguido en los círculos marineros del sur peninsular y conocedor, como pocos lo eran en aquel tiempo, de las nuevas rutas oceánicas por sus continuos viajes al Nuevo Mundo y por el asiduo trato que mantuvo en esos mismos años con toda clase de hombres de mar (armadores, capitanes, pilotos, maestres (Manzano Manzano, 1988, pág. 532 y 533)
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