El Día del Padre ya quedó archivado, pero República Dominicana tiene una frase para cuando algo es tan grande, tan absurdo, que no hay cómo explicarlo: esto no tiene madre, y de manera más coloquial, «esto no tiene mamacita». Repásese la lista de esta semana y dígame si no aplica.
El Tribunal Superior Electoral tardó dos meses en decidir que no iba a decidir: se declaró incompetente para juzgar si el reglamento de la JCE que prohíbe publicar encuestas viola la ley, y le pasó la papa caliente al Tribunal Constitucional. Ni siquiera lo intentó. Esto no tiene madre.
El gobierno prometió, en julio de 2025, que este verano no habría apagones. Llegó el verano, y con él volvieron los apagones de horas y horas, mientras las facturas de luz se disparan, sin que el consumo haya cambiado y sin que Protecom proteja a nadie. Esto no tiene mamacita.
En Sánchez, Samaná, cientos de familias llevan más de un mes sin una gota de agua potable. Nadie ha resuelto nada. Esto tampoco tiene madre.
Y como si fuera poco, ya lo contamos ayer en Panorama: una Ley de Seguridad Social con 25 años y ninguna reforma, un artículo del nuevo Código Penal que le regala años de impunidad a los abusadores de niños sin que nadie confiese haberlo escrito, y una ley de juegos de azar que convierte agencias hípicas en mini casinos para menores, con todo y video de una niña apostando frente a una escuela. Esto, definitivamente, no tiene mamacita.
No nos alcanza el tiempo, ni las energías, para hablar de lo que sucede en el resto del mundo: medio Europa arde en incendios que ya no son del todo naturales, y Ucrania quiere meter la cuchareta en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. A nosotros ya nos consume por completo atender el terruño adorado, que solito alcanza para llenar cualquier titular.
Pero aquí está lo interesante: aunque nada de esto tenga madre ni mamacita, todo tiene padre. Y no hay que pedir prueba de ADN, porque el padre no se esconde, no niega la paternidad, no anda con abogados diciendo que fue otro. Es un padre visible, fuerte y robusto como un cedro: el mismo gobierno, el mismo partido, la misma mayoría búlgara en el Congreso, que aprueba con velocidad de récord lo que le conviene y archiva por años lo que le incomoda.
Son, probablemente, mis últimos artículos posibles antes de la entrada en vigor de la ley mordaza, antes de estar expuesta a demandas legales por osar tocar con el pétalo de una rosa la delicada piel del funcionario de turno o del primo inter pares, que es el padre y padrón, prácticamente un faraón.