Durante mucho tiempo me preguntaba por qué Juan Bosch se tomaba la molestia de aclarar lo dicho por un periodista (importante o no tanto) en una nota en que se enjuiciaba alguna de sus acciones o declaraciones. Bosch fue sistemático en eso. Un día dio la respuesta: Lo hacía para que el investigador que se dedicara a estudiar en el futuro las acciones de los hombres públicos de hoy, si era serio y acucioso, tuviera que contrastar lo que alguien había dicho de él con su propia versión (la de Bosch).
En esto podemos ver que don Juan era una figura histórica consciente de su papel en la sociedad y de que en esa condición se le enjuiciaría en la posteridad. Además –y esto es de mucha importancia para los hombres y las mujeres que hacen vida pública hoy– era consciente de que ningún hecho de persona trascendente queda oculto para siempre. Todo lo que hacemos, si es de importancia para la sociedad, se sabe en algún momento.
Nos parece que ese criterio se constituyó con el transcurso del tiempo en una guía de su conducta de hombre público. Esa especie de código personal era el resultado de su formación ética y de sus trabajos de historiador y biógrafo. Sus estudios de la vida de personajes tan lejanos en el tiempo como el rey David y Judas, por ejemplo, lo convencieron de que los investigadores siempre dan con los documentos o «el papelito» que explica una acción u omisión importante de alguien. El propio don Juan destaca este asunto cuando en una de las conferencias reunidas en el libro «Mujeres en la vida de Hostos» pone de relieve un «papelito» al parecer sin importancia en el que la suegra del gran maestro antillano aparece como una oportunista que le sacaba ventaja al yerno prestándole a intereses abusivos.
Cuando no sea por la índole moral que se tenga, como en el caso de Juan Bosch, debería constituirse en freno moral para el hombre público que ejerza funciones importantes en la sociedad el temor a la aparición de un «papelito» o a lo que pueda decirse en documentos desclasificados de alguna potencia.
En la inexistencia de esa catadura moral y del temor a como lo enjuiciará la Historia podemos explicarnos los huevos que el señor presidente Luis Abinader pone constantemente así como de las soluciones risibles de que echa mano.
Estas líneas son la ambientación necesaria a lo que diremos más adelante sobre el huevo huero de los bonos navideños, puesto con tanto cacareo por el señor Abinader.
24 de diciembre de 2024
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