A Federico II no le fue fácil dirigir a Jerusalén. Encontró la fuerte resistencia de los templarios y del patriarca de la Ciudad Santa, quienes no aceptaban a Tomás de Acerra como bailío del emperador sacro santo o de su descendiente, el niño Conrado, y el soberano tuvo que designar a dos nobles sirios como regentes del lugar mientras salía de Acre el 1 de mayo de 1229.
En ese año, Federico II firmó una tregua con Juan de Brienne. Este último contaba con el respaldo del papa Gregorio IX porque los pontífices temían la expansión del emperador sacro santo en la región de los Alpes, y la tensión se mantuvo pese a la firma del acuerdo en Perugia con la confirmación papal.
Gregorio IX y Federico II hicieron las paces en agosto de 1230. El primero ratificó el tratado de Jafa mientras el segundo envió tropas a Siria bajo el mando del mariscal Ricardo Filangieri para enfrentar a los barones de la Tierra Santa, encabezados por Juan de Ibelin, también conocido como Juan de Iboli, quien desde una treintena de años atrás había construido palacios en Beirut y en Acre.
La aristocracia se establece en Acre
Acre, capital del Reino de Jerusalén, su fortuna
Se reflejaba en la influencia política que ejercía, también se demostraba en su arquitectura y en las nuevas construcciones para adaptarse a las necesidades de una capital. Esta opulencia, evidenciada en las descripciones de los grandes y suntuosos salones cubiertos de mármol (Tyerman, 2010, pág. 296).
En Acre se estableció una nobleza de aristócratas y caballeros en 1231. Este grupo enfrentó al mariscal Filangieri; apoyó a De Ibelin, quien el año siguiente se convirtió por designación de la «Comuna de San Andrés» (Reino Đ Jerusalén, s.f.) en alcalde de la ciudad capital generándose un conflicto que se mantendrá por una década, conocido como la guerra de los lombardos.
La gran batalla tuvo lugar en Casal Imbert. El acontecimiento ocurrió el 2 de mayo de 1232 cuando la compañía de sargento, un batallón de caballeros, otro de soldados y otro de marineros de Filangieri venció a la compañía de De Ibelin, de cuyo enfrentamiento, Juan salió mal herido y 24 caballeros cayeron prisioneros.
Los Ibelin, siendo menos, vencieron al imperio
Ricardo siguió para Acre. Allá conversó con Balian de Sidón y Eudes de Montbéliard para que actuaran como bailíos del imperio, pero estos señalaron que debía ser la Alta Corte quien debía ordenar la sustitución.
La victoria de Filangieri le permitió ocupar a Chipre. Aunque esta isla dependía del Sacro Imperio Germano Romano, la nobleza se escudaba en su Alta Corte, y no era dada a seguir al pie de la letra las disposiciones de Federico II.
Juan De Ibelin (quien contaba con Hugo y Balián) procuró una alianza con Enrique de Chipre. Estos contrataron mercenarios genoveses, nostálgicos de los privilegios que les había concedido el padre de Federico II, y esta unidad, a la que se sumaron los templarios y el patriarca de Jerusalén, aún con cargas desordenadas y enfrentamientos individuales, venció al mariscal en Agridi casi un mes y medio después.
#FedericoII #Acre #JuanDeIbelin #RicardoFilangieri #Jerusalen
