En 1461, Juana de Avis y de Aragón anunció su embarazo tras seis años de matrimonio con el rey Enrique IV de Castilla. Sin embargo, debido al historial del monarca, surgieron rumores sobre la paternidad de la niña:
Entre los pajes que estaban al servicio de Enrique IV, destacaba el ubetense Beltrán de la Cueva, que gracias a su buena presencia, fue ganando influencia y posición. Beltrán de la Cueva llegaría a ser Mayordomo Mayor, conde de Ledesma, duque de Alburquerque y gran maestre de Santiago, y demostraba “tanto amor al rey que parecía devoción, tanta devoción a la reina que parecía amor”. En 1462, siete años después de su matrimonio, Juana de Portugal alumbraba en Madrid una hija, a quien se le impuso el nombre de Juana y que pronto sería conocida por la Beltraneja, al atribuirse su paternidad al citado Beltrán de la Cueva. Los escándalos de esta Corte disoluta iban a tener muy pronto consecuencias políticas muy graves: una guerra civil (Noticias de la Historia, s.f.).
Enrique IV choca con los condes andaluces
Mientras tanto, en Gibraltar, Alonso de Arcos, alcaide de Tarifa, aprovechó la escasa guarnición para ocupar el lugar con la ayuda de Rodrigo Ponce de León. Enrique IV incorporó Gibraltar a la corona de Castilla, lo que generó descontento entre los nobles andaluces debido a la falta de participación del rey en la conquista.
Esta tensión se intensificó tres años después con la disputa por la sucesión del reino, y Noticias de la Historia detalló que:
Los rebeldes subieron al tablado y leyeron una declaración con todos los agravios de los que acusaban a Enrique IV. Según ellos, el rey mostraba simpatía por los musulmanes, era homosexual, tenía un carácter pacífico y, la acusación más grave, no era el verdadero padre de la princesa Juana, a la que por tanto negaban el derecho a heredar el trono. Tras el discurso, el arzobispo de Toledo le quitó a la efigie la corona, símbolo de la dignidad real. Luego el conde de Plasencia le quitó la espada, símbolo de la administración de justicia, y el conde de Benavente le quitó el bastón, símbolo del gobierno. Por último, Diego López de Zúñiga, hermano del conde de Plasencia, derribó la estatua gritando “¡A tierra, puto!”. Seguidamente subieron al infante Alfonso al tablado, lo proclamaron rey al grito de “¡Castilla, por el rey don Alfonso!” y procedieron a la ceremonia del besamanos.
Enrique IV expulsa a Juana de Avis de la corte
Lejos de la península ibérica, en 1467, la muerte de Az Zahir Saif al Din Jushkadam desató una lucha por el sultanato mameluco, que pasó brevemente por Az Zahir Saif al Din Belbay y Al Zahir Timurbugha, antes de quedar bajo el control de Al Ashraf Saif al Din Qaitbay. Paralelamente, en Castilla, Alfonso Ávila fue envenenado, y Enrique IV, bajo la presión del marqués de Villena, acordó que Isabel sería la heredera si se casaba con alguien de su elección, siempre que el rey estuviera de acuerdo, según el Tratado de los Toros de Guisando.
Enrique IV se reunió con Isabel el 19 de setiembre de 1468, y la convenció de aceptar la condición y expulsó a Juana de la corte. Esta, finalmente, se enamoró de Pedro de Castilla y Fonseca, con quien tuvo dos hijos, Pedro y Andrés.
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