El 9 de mayo de 1269, Isabel de Ibelín acordó con el sultán Asir Rukn ad Din Baibars mantener la administración de Beirut durante una década a cambio de pagar un tributo anual a los mamelucos. Este acuerdo, similar a otros realizados quince años antes, reflejaba la pérdida de influencia de los occidentales en el Levante.
A pesar de esto, Carlos de Anjou decidió viajar a Tierra Santa en febrero de 1270. La situación empeoró con el asesinato de Felipe de Montfort el 17 de agosto (aunque algunas fuentes secundarias indican marzo), atribuido a los nizaríes hashashins ismailíes.
Baibars recupera a Nazaret
Felipe, quien gobernaba Tiro, era un obstáculo para la expansión de Baibars hacia Siria y fue atacado durante una misa en la Iglesia de Santa María de los Alemanes por perpetradores disfrazados de monjes. Una semana después, el rey Luis IX murió a causa de la peste bubónica.
Mientras los cristianos sufrían bajas, Baibars continuaba expandiendo su territorio; en febrero de 1271 inició la conquista del Crac de los Caballeros, y en tres semanas y cinco días logró derribar el muro del suroeste mediante minería, forzando la rendición de los hospitalarios el 8 de abril. Al mes siguiente, Eduardo, príncipe de Gales, decidió ayudar a su hermano Edmundo en Acre.
Eduardo llegó acompañado de su esposa, Leonor de Castilla, y un batallón al que se sumaron bretones y flamencos enviados por el obispo de Lieja, para unirse a los templarios y hospitalarios, logrando incursionar en Nazaret en junio. Aunque esta demarcación era simbólica, las tropas comandadas por el príncipe de Gales no se quedaron allí; solo se llevaron el botín y prisioneros, mientras Baibars restauraba la autoridad mameluca en la ciudad galilea enviando refuerzos desde Safed.
Atentado contra el príncipe de Gales
En Acre se encontraba el obispo de Lieja, quien fue elegido papa tres meses después; había sido patriarca de Jerusalén y su pontificado coincidió con el intento de Baibars de recuperar Acre en diciembre. Cinco meses más tarde, el sultán logró una tregua con Hugo III, mediada por Carlos de Anjou, quien no deseaba fortalecer al rey de Chipre.
El acuerdo, firmado en Cesárea, tendría una duración de 10 años, 10 meses y 10 días, aplicable en los territorios de Acre, Tiro, Sidón y Beirut. Jerusalén podría recibir peregrinaciones cristianas y establecer comercio; las ciudades francas no podían construir fortificaciones, pero Baibars sabía que Eduardo planeaba regresar con más tropas desde Europa, y se le atribuye el atentado contra el príncipe de Gales el 16 de junio de 1272, cuando un hashashins lo apuñaló con una daga envenenada.
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