Jordania tenía una situación delicada en el ambiente de tensión entre la coalición que lideraba Estados Unidos e Irak. El rey Huseín tenía conocimiento de que la población de su país es mayoritariamente palestina; por tanto, tenía simpatía por el discurso del presidente iraquí Sadam Huseín, que establecía que la retirada de Kuwait estaba vinculada a la independencia de Palestina; estaba la dependencia energética; si Bagdad sucumbía se perdía el equilibro de poderes porque lo asumiría Irán, adversario de los hachemíes; los fondos procedentes de los países del golfo Pérsico se perderían; la congelación de los activos estadunidenses y la afluencia de muchos trabajadores de la zona de conflicto.
Tomando en consideración esos factores, el rey Huseín fue acompañado de su primer ministro y su ministro de Relaciones Exteriores el 6 de enero de 1991 para visitar a Sadam. En el marco de «una salida árabe» al conflicto, el monarca hachemí, reunido por varias horas a puerta cerrada, planteó tres medidas: 1) la retirada inmediata y completa de Irak de Kuwait para entrar en un proceso de amplia negociación; 2) el despliegue de una fuerza militar árabe en el país ocupado para garantizar la transición, y 3) la convocatoria de una conferencia internacional en la cual se discutiera la problemática regional incluyendo la cuestión palestina.
La desocupación de los territorios árabes por parte Israel, entendió Sadam, era un «único paquete». Consideró que se escenificaría la «madre de las batallas», y que él contaba con la presencia de Alá.
Ante tal postura, el rey Huseín salió con su séquito con profunda frustración. De Bagdad se dirigió a Argel, Roma, París y Londres para tantear la reacción occidental, pero la postura fue que Sadam debía cumplir la resolución de las Naciones Unidas sin otra condición.
Ante la negativa de Sadam y la frustrada reunión de los responsables de la diplomacia de Estados Unidos e Irak, El Congreso estadunidense se reunió cuatro días más tarde. En la agenda estaba la autorización al Poder Ejecutivo de movilizar tropas desde Arabia Saudí a Kuwait y de atacar al régimen iraquí, y el día 13 por 52 votos contra 47 se dio permiso a la guerra.
Dos días después del ultimato de la resolución 678, la Operación Escudo del Desierto se convirtió en la Operación Tormenta del Desierto, bombardeó masivamente a Irak. Las infraestructuras iraquíes militar, económica e industrial fueron destruidas por la precisión de la aviación aliada. El presidente Huseín disparó el día 18 misiles Scud contra Israel para granjearse mayor apoyo árabe.
Israel fue contenido por Estados Unidos. El gobierno de George Herbert Bush impidió que la administración israelí se involucrara en la operación, y el ministro de Finanzas, Yitzhak Modai, solicitó el día 21, 13 millardos de dólares: 3 millardos por compensación por los bombardeos iraquíes y 10 millardos para recibir la inmigración de judíos, quienes salieron de la desintegrada Unión Soviética.
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