Más de trescientos mil palestinos se establecieron en Líbano después de la guerra de Septiembre Negro en Jordania. Esta presencia masiva tuvo un fuerte impacto porque ellos continuaron atacando a Israel desde la parte sur del país árabe, y, porque sin proponérselo, cambió la demografía del lugar.
En Líbano había una repartición en dos poderes del Estado en función de grupos sociales. El presidente tenía que ser cristiano maronita, el primer ministro suní y el presidente del parlamento chií.
Ismael Nour describe la distribución de la siguiente manera:
La diversidad confesional en Líbano y el reparto de poder entre las comunidades es una de las semillas que provocaron la guerra civil. El país se había fundado en los años cuarenta por iniciativa de Francia, la potencia colonial, que favoreció a la comunidad cristiana maronita, entonces mayoritaria. Los maronitas recibieron la Presidencia de la República, mientras que las comunidades musulmanas suní y chií, segunda y tercera en población, se reservaban respectivamente el primer ministro y la presidencia del Parlamento, cargos menos poderosos (Nour, 2021).
En Líbano, denominado «La Suiza de Oriente Medio» y su capital, Beirut, llamada «Paris de Oriente Medio» el 13 de abril de 1975 los factores internos y externos perdieron el equilibrio y estalló una guerra civil. Esta inició con el ataque al vehículo de Pierre Gemayel, quien era el líder del Partido Cristiano Falange Libanesa (Kataeb), matando a uno de sus escoltas e hiriendo a su chofer en Ain el Rumaneh.
En represalia, los falangistas atacaron un minibús. En él murieron, al menos, 27 palestinos, que, por error, consideraron que eran combatientes de la Organización para la Liberación de Palestina.
De esta manera se creó una espiral de ataques entre cristianos libaneses y musulmanes palestinos. Se polarizó Líbano por un lado con el Frente Libanés, en el que estaban los falangistas y los Tigres (la milicia del Partido Liberal), y por el otro lado estaba el Movimiento Nacional Libanés, que nucleaba a los musulmanes, los drusos y las organizaciones de izquierda.
Geográficamente Beirut quedó dividido. La calle Damasco se convirtió en la línea verde con el oeste musulmán y el este cristiano.
Sin embargo, en el este cristiano existía un enclave musulmán: el barrio marginal de Karantina. Su nombre significa «cuarentena», pues el lugar había servido históricamente como zona de aislamiento para refugiados enfermos. El 18 de enero de 1976, este enclave fue víctima de una limpieza étnica liderada por el falangista Bachir Gemayel.
Al cabo de dos días vencieron la resistencia musulmana. Los falangistas ejecutaron sumariamente a mujeres y ancianos en las calles y dentro de sus hogares, numerosas violaciones, mutilaciones de cadáveres, saqueos de casas, incendio y demoliciones.
Quienes sobrevivieron fueron expulsados al oeste. Fueron insultados, golpeados y salvaron su vida huyendo descalzos.
Un ataque en Damour ocurrió en venganza el día 20. Las milicias palestinas y el Movimiento Nacional Libanés masacraron a cientos de civiles cristianos, destruyeron iglesias y profanaron cementerios.
El presidente sirio, general Hafez al Asad, quiso mediar en la situación. El gobierno de Siria quería impedir un triunfo palestino que obligara a una intervención de Israel, y, de paso, envolviera su país en una confrontación, pero las intenciones sirias solo fueron respaldadas por los maronitas, y esto es una antesala a una decisión que definiría el curso de la guerra civil.
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