Ya en su ciudad natal se dedicó al trabajo agrícola en una finca de Soledad y donde no dejará de pensar en la independencia de Cuba, como lo demuestra en muchas ocasiones, sobre todo, cuando el general Antonio Maceo estuvo en Cuba en 1890. En 1893 es detenido y encarcelado varios meses junto a Guillermón Moncada en el cuartel Reina Mercedes (luego cuartel Moncada). Este incidente fue seguido de cerca por José Martí desde Nueva York, ya que ambos patriotas figuraban en sus planes revolucionarios. Una vez en libertad, Quintín continuó en la conspiración.
Quintín discriminado
Al iniciarse la última guerra de independencia, el 24 de Febrero de 1895, fue uno de los primeros en tomar las armas y alzarse tal y como lo había prometido. En esta oportunidad se destacó una vez más y llegó a ocupar el cargo de jefe de la infantería de la columna invasora de Oriente a Occidente, dirigida por el mayor general Antonio Maceo.
Fue testigo de la intromisión yanqui en Cuba y de los primeros años de la República iniciada en 1902. Polémico, controvertido y con su poca instrucción, pero leal a Cuba y a la causa de la libertad y la justicia se opuso y criticó aquella sociedad pro imperialista cuyo Gobierno primero, dirigido por Tomás Estrada Palma no le ofreció el tratamiento adecuado y digno de sus méritos revolucionarios. Lo trataron con mucha desconsideración y métodos racistas. Para subsistir trabajó incluso como capataz de basura, algún tiempo desempleado, su nombre fue utilizado en propagandas de empresas comerciales como Crusellas , hubo necesidad de organizarle funciones benéficas para recaudarle fondos como la realizada en 1905 en el Teatro Payret, etc.
Final de Quintín
Descontento como estaba ante la situación del país se involucró en la Guerrita de 1906 contra la reelección de Tomás Estrada Palma. Y el 22 de agosto de dicho año fue cobardemente asesinado al ser macheteado y baleado por agentes sin escrúpulos del gobierno pro yanqui de entonces. No tuvo los funerales que le correspondían como general de las tres guerras independentistas cubanas. Pero su pueblo lo ha recordado siempre con cariño y admiración. Ahí está en el parque Trillo de Cayo Hueso, en La Habana, el monumento erigido a su memoria, en 1942 y en el Cementerio de Colón reposan con orgullo legítimo sus restos mortales y legendarios por defender la bandera cubana tal y como se dice al final de la copla andaluza cantada por Jesús Heredia a orillas del Guadalquivir, en Sevilla, España.
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