Nuevamente le niegan sus solicitudes. De este modo inalterable permanecerá encarcelado hasta que por un decreto de amnistía de enero de 1886 logra la libertad. En carta que dirige al Ministro de Ultramar, fechada el 26 de enero de 1886, le manifiesta:
Quintín Bandera, natural de Santiago de Cuba, preso político en la Fortaleza de Isabel II en esta isla de Menorca, parece ante V. E. y con el respeto debido informa que desde el mes de septiembre del año mil ochocientos ochenta, por haber sido deportado de la Isla de Cuba, se haya preso en esta Fortaleza sin que jamás haya sido condenado ni encausado por ningún delito, razón por la que se cree comprendido en el Real Decreto de Indulto de dos del actual promulgado por la gaceta Oficial de Madrid del día nueve del propio mes, al cual se acoge desde esta fecha.
En su virtud y deseoso de regresar a su país natal ocurre a V. E. suplicándole muy respetuosamente se digne considerarlo acreedor de esa gracia, dictando las órdenes que sean necesarias para que pueda salir en libertad, y regresar a su país natal así como también que el pasaje se le abone por cuenta del Estado, a causa de haber agotado en los seis años que lleva deportado los pocos recursos conque contaba para atender sus necesidades.
Libertad para Quintín
Después de esta última petición, acogiéndose al indulto antes mencionado, transcurren ocho meses de investigaciones e indagaciones para concederle la libertad. En telegrama oficial del Ministerio de Ultramar, fechado en Madrid, el 18 de agosto de 1886 y dirigido a su Delegado en Mahón, le comunica lo siguiente textualmente:
«Puede V. E. conceder pasaje de segunda hasta Cádiz deportado Quintín y su esposa Francisca Carrera.»
Ambos arribaron a la capital de Cuba en el vapor correo “Habana”, el 16 de octubre de 1886. Se hospedaron en el Hotel Cabrera y luego embarcaron hacia Santiago de Cuba en el vapor M. (ilegible) Villaverde, el 20 de noviembre del referido año.
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