Ochenta y siete jefes de Estado y de Gobierno escuchaban el prolongado sonido de una sirena en el cementerio del monte Herzl en la mañana de 6 de noviembre de 1995. Desde ese lugar, con vistas a la vieja ciudad de Jerusalén, se iniciaba el funeral de quien en vida fue el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin.
Para rendirle honores a Rabin tomaron la palabra el rey jordano Huseín y el presidente egipcio Hosni Mubarak. Por primera vez, jefes de Estado árabes concurrieron al funeral de un líder israelí, y el monarca hachemí denominó al fallecido primer ministro de hermano y compañero.
A los funerales de Rabin acudieron dos personalidades árabes más. Una de ellas estuvo en la ceremonia sin tomar la palabra, que fue el primer ministro de Marruecos, Abdul Afif Filali, y otro que representaba a un organismo internacional, las Naciones Unidas, su secretario general, Butros Butros-Gali, antiguo ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, quien recordó que acompañó 18 años atrás al presidente Anwar al Sadat en su visita a Israel.
Tanto Al Sadat como Rabin pagaron con sus vidas los esfuerzos de paz. Ambos fueron víctimas de fanáticos de sus respectivos países.
El presidente israelí Ezer Weizman inauguró los discursos en el funeral. Además de los previamente mencionados, tomaron la palabra su colega de Estados Unidos, Bill Clinton; le siguió el nuevo primer ministro de Israel, Shimon Peres; el presidente del Consejo de Gobierno de España, Felipe González; el jefe de Gobierno ruso Viktor Chernomirdin (el jefe de Estado de Rusia, Borís Yeltsin, estaba en convalecencia de una afección cardíaca), y, por último, la nieta del difunto, Noah ben Atzi, quien, atribulada, apenas pudo terminar su turno en llantos.
Cuatro días más tarde, se le apareció a Leah, viuda de Rabin, a la puerta de su casa un hombre. Iba con sombrero, gafas oscuras, con un impermeable, y acompañado de cuatro guardaespaldas, se trataba del rais Yaser Arafat, a quien, por recomendación de la inteligencia israelí, se le aconsejó que no tuviera en el funeral.
Rabin cayó. Pero el proceso de paz continuaba, y en el cronograma estuvo la organización de elecciones palestinas el 20 de enero de 1996.
Esos comicios fueron ganados cómodamente por Al Fatah, la organización que dirigía Arafat dentro de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Hubo una candidata a presidenta de la Autoridad Nacional Palestina que compitió contra el rais, que fue Samiha Jalil.
Ella obtuvo el 10,2 % de los votos. El rais Arafat ganó con el 88,2 %, y para el cuerpo legislativo, su organización Al Fatah logró 50 de los 88 escaños.
No obstante, hubo siete de Al Fatah que consiguieron su curul por organizaciones independientes luego de que no fueran nominados por la organización hegemónica de la OLP. Dentro de los palestinos, el proceso fue boicoteado por Hamás, la Yihad Islámica Palestina y el Frente Popular para la Liberación de Palestina.
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