En 1907 un joven huérfano de padre y de 18 años había salido de la ciudad de Linz a la capital del imperio austrohúngaro: Viena. Este viaje de 156 kilómetros tenía el propósito de ser aceptado en la Academia de Bellas Artes, pero la institución rechazó la admisión del mozalbete, sin embargo, el chico tuvo tanto deseo de estar en ella que volvió a solicitar su ingreso al año siguiente, pero nuevamente no fue acogido.
A la academia no le importó que el joven había aprobado el examen inicial. El argumento de la institución fue que las habilidades del muchacho eran «insatisfactorias», y él dijo que ese rechazo lo golpeó «como un rayo caído del cielo» porque él estaba convencido de sus condiciones de pintor.
Si Hitler hubiese sido un buen pintor…
El joven pintor tenía que sobrevivir. Decidió establecerse en 1909 en un refugio de personas sin vivienda en un tiempo; posteriormente pudo alquilar una habitación de mala muerte, pero su pinturas al óleo y a la acuarela le permitió ganar dinero para mudarse a una casa más confortable en la que pintaba en la mañana y estudiaba en la noche. Nos referimos a Adolfo Hitler.
Nos preguntamos si la academia de Viena hubiese aceptado a Hitler ¿Se convertiría este en el führer de Alemania responsable de la muerte de diecisiete millones de personas?
A esta interrogante, el doctor en Filosofía, el chileno Adolfo Eugenio Vásquez, dice que las personas necesitan:
Más educación sentimental y menos abstracción moral y teorías de la naturaleza humana. Educación sentimental y moral a través del desarrollo de la sensibilidad artística. Debemos prescribir novelas o filmes que promuevan la ampliación del campo de experiencias del lector, más aun cuando el lector es un político, un economista, un trabajador social, un empresario, un dictador, o, más aún, cuando se trate de un niño que tenga, como tal, la posibilidad de convertirse en cualquiera de estos tipos humanos reconocibles.
Más literatura y menos religión
Personas, que de acuerdo con el también filósofo, pero estadunidense, Richard Rorty, para su progreso moral necesitan de las descripciones detalladas del dolor y de la humillación. Agreguemos que cuando Hitler era niño recibía una paliza de su padre, por tanto, el filósofo Rorty recomienda más estudios etnográficos y novelas que filosofía o religión porque el dolor une a las personas no importa su nacionalidad, sexo o posturas ideológicas.
Menos filosofía y menos religión, sugiere el estadunidense Rorty. En cambio, propone más crítica literaria porque es la que puede tener relevancia moral en la etapa actual, que denomina posfilosófica.
Rorty considera que la ideología conduce a un «léxico único». Este crea una verdad o meta común, pero él considera que lo que hay que compartir es una esperanza común, que son «las pequeñas cosas» en torno a ese léxico.
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