Alexandr Besmertnyj, ministro de Relaciones Exteriores de Unión Soviética, le entregó una carta de su presidente, Mijaíl Gorbachov, al secretario de Estado de Estados Unidos, James Baker, en la reunión que sostuvieron en Ginebra, Suiza, el 7 de junio de 1991. La misiva del jefe de Estado soviético tenía la finalidad de solicitar el apoyo del gobierno estadunidense ante los organismos financieros internacionales.
El respaldo de Estados Unidos lo condicionó Baker a que Unión Soviética profundizara sus reformas económicas y políticas. También el secretario estadunidense reclamó al ministro Besmertnyj el respeto de los derechos humanos y la flexibilidad migratoria.
El encuentro entre Baker y Besmertnyj tocó el tema central. Se trataba de la firma por parte de los presidentes Gorbachov y George Herbert Bush de la limitación de armas estratégicas, que estaba prevista efectuarse al mes siguiente, pero también se revisó la situación del Medio Oriente, quedando de la parte soviética el compromiso de la asistencia de los Estados árabes, y en especial de Siria.
Cinco días más tarde, Borís Yeltsin ganó las elecciones en Rusia. Alcanzó el 57 % del voto directo, lo que fortalecía su figura en contraste con el presidente Gorbachov, quien ya había sido ultrajado en el anterior pleno del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), y su cargo lo había obtenido indirectamente por medio del Congreso de los Diputados del Pueblo.
La victoria electoral de Yeltsin fue acelerando el proceso de concesiones para la reforma. En la troika se había logrado el reconocimiento de la propiedad privada sobre los medios de producción, el pluripartidismo, la transición hacia una economía de mercado, la autonomía fiscal de las repúblicas y el establecimiento de fronteras internas.
La federación rusa, desde que Yeltsin asumió la Presidencia el 10 de julio, comenzó a chocar con la autoridad de Gorbachov. Casi dos semanas más tarde, el prestigio del nuevo presidente ruso y la presión ucraniana lograron establecer un tratado más descentralizado de la confederación de repúblicas.
El tratado ya estaba listo para la firma. Así se anunció el día 24, y la fecha para la suscripción solemne sería el 20 de agosto.
En los días 25 y 26 de julio se organizó el último pleno del Comité Central del PCUS. Ante la descomposición del modelo soviético, el presidente Gorbachov leyó el informe central, y el paquete de reformas, que contó con el respaldo del ideólogo de la perestroika, Alexandr Yákovlev y el ex ministro de Relaciones Exteriores, Eduard Shevardnadze.
Bajo la consigna de «socialismo humano y democrático» se aprobó el nuevo programa del partido. Se aceptó la economía de mercado, la existencia de la propiedad privada sobre los medios de producción, la iniciativa empresarial, la renuncia a la dictadura del proletariado, la aceptación del pluralismo político e ideológico, el abandono por parte del PCUS de la doctrina oficial del marxismo-leninismo y del centralismo democrático como principio organizativo para permitir la existencia de corrientes internas, y se flexibilizó la afiliación a la organización.
Contra la reforma se pronunció Yegor Ligáchov. Consideró que los cambios eran una capitulación frente al capitalismo; que la sociedad soviética se quedaba sin nada del socialismo, y de hecho renunció a su condición de miembro del comité central.
Oleg Shenin y Anatoli Lukianov fueron los voceros de la «línea de la patria». Fueron conservadores que no enfrentaron abiertamente al presidente Gorbachov, pero mostraron su preocupación por la desintegración de Unión Soviética.
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