Pero a pesar de dicha campaña el Titán de Bronce no dejó de desarrollar sus planes revolucionarios. En ese sentido, sostuvo encuentros y reuniones periódicas con el general Julio Sanguily y su hermano y periodista Manuel, así como con el coronel José María Aguirre, el general Enrique Collazo, Enrique José Varona, Juan Gualberto Gómez e incluso con el célebre Manuel García (Rey de los Campos de Cuba) quien había desembarcado con una expedición independentista en septiembre de 1887 y se encontraba combatiendo heroicamente con su destacamento guerrillero en la parte occidental de Cuba.
Maceo declina a favor de Gómez
En este período en que estuvo hospedado en el Hotel Inglaterra de La Habana, también Maceo recibió al poeta Julián del Casal y le autografió un retrato con su firma.
Con los revolucionarios ya mencionados anteriormente y que conspiraban junto al general Maceo acordaron en coordinación con la dirección de La Convención de Cayo Hueso, la fecha del 10 de octubre de 1890 para iniciar la revolución y en la cual el Héroe de la Protesta de Baraguá no aceptó cargos superiores, pues los consideraba para otros jefes como Máximo Gómez, prueba inequívoca de que no tenía ninguna ambición personal para convertirse en el jefe supremo como algunos han considerado erróneamente.
«La insolencia del bruto con mando»
Veamos ahora como parte de la descripción que estamos haciendo en la valoración de esta visita a Cuba de Maceo la impresión que le causó su llegada a La Habana y estancia en la capital, según los siguientes fragmentos seleccionados del tomo 1, páginas 335 y 336 de la obra Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida, de José Luciano Franco. Editorial de Ciencias Sociales, 1973:
Hasta entonces – relata Maceo–yo no había experimentado bien la emoción de la tristeza, ni lo horrible de la realidad, pues me había propuesto llevar a cabo mi plan de persuasión, sin ocuparme en que, a cada paso, veía algo desagradable y humillante para los cubanos; quedando absorto y avergonzado por cuanto veía a mi alrededor, dominado por gente de extraña tierra, con la soez intención de deprimir al criollo, hasta con su insolente y estúpida mirada. (…) «Hacia todo lo que veo, siento repugnancia». Las calles son estrechas y asquerosas como el sentimiento de los españoles, que se proponen gobernar a Cuba sin mejorar la condición de este desventurado país.
De allí nos fuimos al hotel Inglaterra, lugar que, por su situación geográfica, ocupa el centro principal de la población, y principal centro de recreo, desde donde pude observar de cerca y con detenimiento el carácter y las condiciones de nuestros eternos opresores. Vi en ellos representada la altanería más grosera y chocante; dibujada, en todos sus actos y movimientos, la insolencia del bruto con mando. El habanero, por el contrario, es de semblante afable y cariñoso, culto y agradable en su trato, es fino y generoso.
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Son anotaciones muy importantes qara qué el común de la gente que se interesa un poco en la historia pueda leer sobre acontecimientos con los que fue construyendo la historia de los pueblos.