A finales de 1889 la situación política, social y económica de Cuba era desastrosa. En tal apropiada coyuntura con el consejo de algunos amigos y por decisión propia el general Antonio Maceo, se aprovechó de las garantías ofrecidas por el Gobernador General de Cuba, Manuel Salamanca, para visitar a la Isla después de más de diez años de exilio forzado.
Maceo llega a Santiago
Al solicitar el permiso, Maceo había esgrimido el pretexto de vender propiedades de su madre y emprender algunos negocios. Sin embargo, sus objetivos eran totalmente contrarios y muy bien definidos ya que se proponía percatarse con sus propios ojos de la realidad cubana, analizar y valorar la situación en el terreno, conferenciar con los principales jefes revolucionarios que apoyarían a la revolución y en tal caso, si las condiciones objetivas y subjetivas le resultaban favorables sublevarse e iniciar nuevamente la lucha por la independencia.
Procedente de Puerto Príncipe, Haití, en el vapor Manuelita, de la empresa de vapores españoles «Sobrinos de Herrera», Antonio Maceo arribó al puerto de Santiago de Cuba en la mañana del 30 de enero de 1890. En horas de la noche recibió la visita del general Flor Crombet, Antonio Colás y otros patriotas junto a algunos de sus familiares. Maceo explicó a todos sus verdaderos propósitos revolucionarios y que con esos fines se proponía hacer un recorrido por la Isla. Dichos patriotas a su vez se comprometieron en secundarlo en sus planes independentistas.
Maceo llega a La Habana
Su arribo a la capital de la Isla se produjo en la mañana del 5 de febrero. Fue recibido por el Inspector de Marina en nombre del Gobernador General Manuel Salamanca (quien falleciera al siguiente día) y tres periodistas del diario La Lucha. Fue en esta ocasión cuando Maceo se hospedó en el hotel Inglaterra. Aquí compartió y fue aclamado por todo el pueblo, incluso «por considerable número de representantes de familias criollas, algunas muy notables por su posición social, y singularmente por la juventud», como se refleja en un informe dirigido por el Gobernador General Camilo Polavieja, sustituto de Salamanca, al Ministro de Ultramar de España y que se corrobora y complementa con otros muchos informes confidenciales de las autoridades coloniales españolas reveladores del intenso espionaje a que fue sometido el Titán de Bronce en ese período de estancia en la Isla desde el 30 de enero hasta el 30 de agosto de 1890, localizados y fotocopiados por el autor de este trabajo en el Fondo de Ultramar del Archivo Histórico Nacional de Madrid, España y donados posteriormente a las autoridades de Pinar del Río, en acto con motivo del 150 aniversario del natalicio de la patriota de dicha provincia, Isabel Rubio.
Los gobernantes españoles trataron de contrarrestar el impacto producido en la Isla por la presencia de Maceo. Con ese fin, se valieron de la prensa reaccionaria.
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