En respuesta a la postura de los Estados europeos hacia el Imperio otomano, el sultán Solimán el Magnífico ordenó en 1537 la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Consideró que la ciudad es significativa para el judaísmo, el cristianismo y el islam, y que desde una perspectiva fiscal y administrativa la renovación facilitaría la gestión de la migración y la recaudación de impuestos.
El proyecto consistió en construir muros de aproximadamente 4 kilómetros de longitud, con una altura promedio de 12 metros y un grosor de dos metros y medio, usando piedra caliza. Se incluyeron 34 torres de vigilancia y 6 puertas: Bab al Amud (con dirección a Damasco), la Puerta de las Flores o de Herodes, la Puerta de San Esteban o de los Leones (orientada a Jericó), la Puerta de Silwan o del Estiércol (utilizada para el retiro de residuos) y la Puerta de Hebrón o Jafa.
Esta última puerta tiene una inscripción. Ella dice:
Ha ordenado la construcción de este muro bendito nuestro señor, el más grande sultán y el más noble rey, Solimán, hijo de Selim Jan, custodio de los dos santuarios nobles, en el mes de Muharram del año 945 de la Hégira.
Mientras Solimán construía, Carlos V y Francisco peleaban
Esto corresponde a junio de 1538. El sultán Solimán autorizó la construcción de acueductos y fuentes públicas, así como la restauración de la Cúpula de la Roca y de la mezquita de Al Aqsa, además de instaurar una subdivisión administrativa denominada sanjak, equivalente a un distrito.
En ese periodo, Jerusalén formaba parte de la provincia (eyalato) de Damasco; sin embargo, ocasionalmente la designación de las autoridades provenía directamente de la Sublime Puerta y no del gobernador o beylerbey. Mientras el Imperio otomano realizaba obras en la Ciudad Santa, en la frontera francoitaliana existía un estancamiento en el conflicto entre los monarcas Francisco y Carlos V, lo que llevó al papa Paulo III a intervenir como mediador.
El objetivo era lograr un acuerdo entre los Estados involucrados para mantener la estabilidad política y territorial en Italia. Los monarcas no mantuvieron reuniones directas; el papa Paulo III actuó como intermediario proponiendo alternativas desde el monasterio de San Francisco hasta el castillo de Villefranche-sur-Mer con la participación de las reinas consortes, logrando así acordar una tregua de diez años.
Carlos V y Francisco acuerdan luchar contra el Imperio otomano
Finalmente, se estableció el statu quo ante bellum, es decir, se retornó a la situación existente antes del conflicto: el emperador y rey Carlos V conservó Milán y el norte de Italia, mientras que Francisco retuvo Turín, Piamonte y Saboya. El día 18 se firmó la Tregua de Niza en la Iglesia de la Santa Cruz.
Los reyes se encontraron «en la hermosa y amurallada villa de mar» (Diego Mallén Blog de Bibliofilia, 2011) Aigues-Morte casi un mes después, y Francisco esperó con gran pompa a Carlos V, quien procedía desde Barcelona, escoltado por 50 galeras, hasta llevarlo a su alojamiento, pero antes le dijo «hermano, aquí estoy haced de mi lo q quisieades» (Diego Mallén Blog de Bibliofilia, 2011). Los reyes se reunieron los días 17 y 18 de julio.
Se referían al término «primo». Leonor de Austria era hermana del emperador Carlos V y contrajo matrimonio por segunda vez con Francisco. Se discutió la posibilidad de unir ambas familias mediante un enlace matrimonial y se acordó iniciar una nueva cruzada contra el Imperio otomano.
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