Un senador que se va, una convención que no llega, un lawfare certificado desde Washington y una soberanía que el propio Estado no defiende: el PRM y su semana más incómoda
Hay merengues que trascienden la pista de baile y se instalan en el imaginario político dominicano con una precisión que nadie logra analizar. Hay uno que lleva décadas sonando cada vez que un partido de gobierno comienza a pelarse como un palo de guayaba. Esta semana, sin que nadie lo pusiera a sonar, el maestro Luis Ovalles volvió a ponerse de moda.
El 27 de mayo, el senador Antonio Taveras se levantó desde el hemiciclo y anunció su renuncia al PRM, declarándose legislador independiente. Dijo que ha perdido la paciencia con esa misma paciencia: la lucha contra la corrupción se quedó a medio camino, persisten las prácticas clientelares, el rumbo se perdió. Curioso que tras seis años de gobierno, Taveras se entere de todo esto precisamente ahora — aunque hay que reconocer que hay que estar vivos para oír cosas. La respuesta del PRM fue tan elocuente como el propio discurso: varios dirigentes celebraron su salida, dijeron que le hizo un favor al partido. Cuando una organización festeja que se le va un senador, algo más que un senador se está yendo. Los analistas coinciden en que Taveras navega hacia la Fuerza del Pueblo de cara al 2028. Puede ser. Pero el diagnóstico que dejó grabado en el hemiciclo no viaja con él.
La convención interna sigue sin fecha. El partido que gobierna la nación no puede elegir sus propias autoridades sin pisotear sus estatutos y la Constitución. La prórroga impuesta para evitar una consulta que Paliza perdería de manera apabullante es, en sí misma, el retrato más fiel del estilo de gestión que Taveras describe hoy, aunque llevaba años delante de sus ojos.
Y luego está Washington. La embajadora Leah Campos certificó — primero en podcast, luego en comunicado oficial — que la Embajada de EE.UU. fue usada como instrumento político contra adversarios del gobierno. Lo que hoy se llama lawfare. Lo mismo que el pueblo americano rechazó en las urnas cuando fue aplicado contra Trump. La misma semana, la jueza Altagracia Ramírez dictó no ha lugar a favor de Gonzalo en el caso Calamar, días después de que Washington le restituyera su visa por diez años. Gonzalo anunció su candidatura para el 2028 en medio de coros que lo proclamaban presidente. La JCE, mientras tanto, suspendió las encuestas — justo cuando los números retratan la caída estrepitosa del oficialismo.
Y como si todo esto fuera poco, este sábado la Antigua Orden Dominicana tuvo que salir a protestar lo que el Estado debió impedir: que ciudadanos haitianos en situación irregular marcharan frente al Palacio Nacional exigiendo derechos que la Constitución no les otorga. “Esas personas debieron estar presas hace tiempo”, dijeron. Ironía de la vida, justo el día en que se conmemora el aniversario 65 del ajusticiamiento de Trujillo. La pregunta que nadie en el gobierno ha respondido sigue siendo la misma: ¿quién lo autorizó? Que sean los propios dominicanos quienes salgan a defender la soberanía que su Estado no defiende dice todo lo que hace falta decir sobre el momento que vive este gobierno.
Los barcos no se hunden de golpe. Primero cogen agua despacio, por las grietas que nadie quiso ver. Luego la cubierta se inclina. Luego los que saben nadar — y también otra conocida especie — empiezan a abandonar el barco. El PRM ya está cogiendo agua — y el problema no es solo la tormenta. Es que al parecer nadie es capaz de enderezar el timón.