Cuando el viceministro de Defensa, Valentín Varénikov, insistió el 18 de agosto de 1991 para que el presidente soviético Mijaíl Gorbachov declarara el estado de emergencia, este dijo que solo un militar considera que esa medida era simple. El jefe de Estado señaló que la disposición requeriría armas, y podría ocurrir un derramamiento de sangre.
Gorbachov le dijo a la comitiva que no firmaría el estado de emergencia. Le señaló que el vicepresidente Guenadi Yenáyev y el primer ministro Valentín Pávlov estaban en la capital, y despidió a los funcionarios porque no estaba en la actitud de escucharlos.
Uno de ellos, Varénikov, le dijo a Gorbachov que si no firmaba el estado de emergencia debía renunciar a la Presidencia. El viceministro entendía que el deber del presidente era tomar decisiones políticas, y el jefe de Estado respondió: «¡Hagan lo que quieran, pero no van a tener éxitos!»
La comitiva se retiró. Ordenó el corte de cuatro líneas telefónicas, pero funcionaban otras, y el presidente Gorbachov quedó con un batallón de las guardias presidencial y fronteriza que le obedecían.
Sin el consentimiento de Gorbachov, ya en el Kremlin, los funcionarios formaron el Comité Estatal para el Estado de Emergencia al día siguiente. Anunciaron por televisión y radio que la autoridad se había transferido al vicepresidente Yenáyev porque las condiciones de salud del presidente le impedían ejercer el cargo, y controlaron los medios de comunicación masiva, que transmitían el balé El Lago de los Cisnes.
La nota musical se usaba tradicionalmente ante la muerte de un líder soviético. La población no tenía detalles de lo que estaba ocurriendo, y en la noche seis dirigentes, en nombre del comité recién formado, ofrecieron una rueda de prensa.
Solo Oleg Báklanov, primer vicepresidente del Consejo de Defensa, de los que visitó a Gorbachov estaba presente en la rueda de prensa. Hubo dos de los miembros del comité que prefirieron no salir en público, que fueron el ministro de Defensa, mariscal Dmitri Yázov y el jefe del KGB, Vladímir Kriuchkov (quien también estuvo en la dacha de Crimea), los demás miembros de la mesa fueron el vicepresidente Yenáyev; el primer ministro Pávlov; el ministro de Interior, Borís Pugo; el presidente de la Unión Campesina, Vasili Starodúbtsev y el presidente de Empresas Estatales, Alexandr Tiziakov.
Después del anuncio, salieron más de quinientos tanques de guerra a patrullar las calles de Moscú. El ministro Yázov aseguró que la función de los militares no era reprimir cualquier movilización que surgiera, sino para proteger las instituciones soviéticas, mientras que el miembro del Politburó Oleg Shenin creyó que se debió arrestar al presidente de la Federación de Rusia, Borís Yeltsin, y a los manifestantes que se iban agolpando ante las instalaciones del Congreso.
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