La rebelión griega la encabezó Theodoro Kolokotronis en setiembre de 1821. Se extendió por Tripolitsa ejecutando a una gran cantidad de musulmanes y judíos, pero por igual, del lado otomano hubo la misma conducta.
El Imperio otomano estaba atacando una fuerza invisible. Yuval Noah Harari detalló que:
Los financiamientos de Londres vieron asimismo una oportunidad. Propusieron a los jefes rebeldes emitir bonos de la rebelión griega, negociables, en el mercado de valores de Londres. Los griegos tenían que prometer devolver el importe de los bonos, más los intereses, siempre y cuando obtuvieran la independencia. Los inversores privados compraron los bonos para obtener un beneficio, o porque simpatizaban con la causa griega, o por ambas razones. El valor de los bonos de la rebelión griega subía y bajaba en la Bolsa de Londres según los éxitos y fracasos militares en los campos de batalla de la Hélade. Gradualmente, los turcos consiguieron ventaja. Con una derrota inminente de los rebeldes, los accionistas se enfrentaban a la posibilidad de perderlo todo. El interés de los accionistas era el interés nacional, de manera que los ingleses organizaron una flota internacional que, en 1827, hundió a la flotilla otomana en la batalla de Navarino (Harari, 2016, pág. 359).
Los accionistas entran en escena por la independencia de Grecia
En épocas anteriores, los conflictos se desarrollaban directamente entre Estados. Con la llegada del capitalismo, los accionistas comenzaron a actuar de manera coordinada, promoviendo la independencia de países a cambio de beneficios económicos, lo que representó un desafío novedoso para el sultán otomano Mahmud II.
La novedad fue que:
Después de la batalla de Navarino, los capitalistas ingleses estaban más dispuestos a invertir su dinero en arriesgados tratos ultramarinos. Habían visto que si un deudor extranjero se negaba a devolver los préstamos, el ejército de Su Majestad conseguiría que les retomara el dinero (Harari, 2016, pág. 360).
Los accionistas de Londres venden bonos
En la batalla de Navarino no solo estuvieron los británicos. También participaron los franceses y los rusos, a este respecto Mikael Yalanuzyan narró que:
Las victorias de los pueblos eslavos se vieron facilitadas en gran medida por el apoyo de Inglaterra, Francia y Rusia, sin el cual, con toda probabilidad, no habría sido posible derrotar a la maquinaria militar del Estado turco. Esta creciente influencia de las superpotencias en los países liberados, a su vez, desencadenó una gran competencia geopolítica.
Si se analizan los procesos geopolíticos de los siglos XVIII y XIX desde una perspectiva más amplia, se hace evidente una lucha por la influencia y el control en la cuenca del Mar Negro. El principal protagonista de dicha lucha fue el Imperio ruso, que se expandía hacia el sur, especialmente para asegurar puertos de aguas cálidas que permitieran acceder a mar abierto durante todo el año (Yalanuzyan, 2022).
En noviembre, Mahmud II tomó la decisión de suspender la Convención de Akkerman. Este acuerdo, firmado un año antes, tenía como propósito definir los derechos de Rusia, restringiendo su acceso al comercio y la navegación en el Mar Negro y los Dardanelos.
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