Si una institución quiere ser exitosa tiene que basarse en valores. Cuando se actúa confeccionándose un «traje a la medida» ocurren dos riesgos: el primero es que la pieza le quede pequeña rápidamente o que finalmente el disfrute del atuendo fuere para otra persona.
Fortalecimiento Institucional (FI) considera que la democracia interna, la transparencia, la alineación y la funcionabilidad deben ser los valores que guíen la aprobación de los documentos programáticos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Modernamente, la gestión de cualquier institución está guiada por valores y principios, y estos últimos son innegociables.
La democracia interna y la transparencia son valores constitucionales. Cabe recordar que las dos más recientes reformas de la constitución de la república han sido fomentadas por el PLD, y es un contrasentido que la organización auspicie afuera lo que no practique en su interior.
FI considera que la democracia interna debe ser reforzada con la participación. Todavía las ideas patriarcales conviven en el PLD; a eso se debe que en las posiciones de dirección las ocupen hombres adultos mayores, y penosamente en su proyecto de Declaración de Principios, las mujeres son mencionadas una vez, pero la palabra juventud está ausente en ese documento guía.
Garantizar derechos
Los estatutos del PLD deben promover la desconcentración. Lamentablemente, la redacción de ese documento fundamental carga al Congreso, que es un organismo estratégico, de detalles, que corresponde a los niveles de gestión y operativos, y le arrebata al Comité Central sus funciones normativas para pasárselas al Comité Político, que, inadecuadamente, ha sido el foco de atención estatutaria cuando el centro debe ser la membresía y la simpatía del partido morado.
El PLD debe garantizar derechos. Obstaculizar a la membresía su voluntad de apelar ante las instancias judiciales especializadas no es una buena práctica de la democracia interna, y en este renglón, pese a que la palabra alternabilidad está consignada en los estatutos, esta no se practica, y por el contrario se procura la permanencia de los dirigentes en sus posiciones por secula seculorum.
En 50 años, el PLD no ha tenido una fecha cierta de su congreso. La certidumbre es parte de la transparencia; así como el electorado dominicano sabe cuándo se renuevan las autoridades de elección popular, la membresía de la organización debe estar consciente de cuándo le corresponde validar o sustituir sus autoridades con reglas del juego que no fueren a «quemarropas».
El decálogo de FI
Las reglas deben estar alineadas. Si se debaten al mismo tiempo la Declaración de Principios, los estatutos y la línea organizativa y electoral esto no se logrará porque, en ese orden, un documento sirve de marco al siguiente.
FI, tomando todo lo anterior como diagnóstico, propone en términos generales el siguiente decálogo:
- El establecimiento de un reglamento que garantice la alternabilidad y los espacios de dirección para las mujeres y la juventud.
- La eliminación de la agenda del congreso de los documentos sectoriales porque su prerrogativa corresponde a las secretarías del partido.
- La elección de las autoridades del Gran Santo Domingo y Santiago por su militancia.
- La eliminación de cualquier instancia partidaria que impida el derecho de apelación a la membresía cuando considera que no hay garantía de sus derechos dentro de la organización.
- Mantener en la membresía la elección del presidente y el secretario general del partido.
- Establecer la mayoría absoluta para cualquier elección interna de la organización.
- Dejar en el Comité Central toda aprobación de reglamentos.
- Convertir al Comité Central en la verdadera autoridad entre congreso y congreso reduciendo su tamaño, reuniéndolo más frecuentemente y transfiriéndole las competencias que se ha arrogado el Comité Político.
- Fijar fecha de día y mes cada cuatro años de los congresos del partido.
- Aprobación en secuencia de la Declaración de Principios, los estatutos y la línea organizativa y electoral (no simultáneamente).
