La población de Japón ha estado disminuyendo durante más de una década. En 2008, se estimaba en 128 millones, pero en 2023 se calcula en 117 millones. Esto representa una caída de más del 10%, y equivale al decrecimiento anual en un 0,59 %.
Hay una serie de factores que contribuyen a esta disminución de la población, incluyendo una tasa de natalidad baja, una tasa de mortalidad alta y una emigración neta negativa. La tasa de natalidad de Japón es una de las más bajas del mundo. En 2022 fue de 1,3 hijos por mujer. Esto es muy por debajo del nivel de reemplazo de 2,1 hijos por mujer.
La tasa de mortalidad de Japón también es alta. En 2022, la tasa de mortalidad fue de 10,3 muertes por 1000 personas. Esto se debe en parte a la población envejecida del imperio del sol naciente. En 2022, el 28,4% de los japoneses tenía 65 años o más.
Japón también tiene una emigración neta negativa. Esto significa que hay más personas que lo abandonan de las que lo ingresan. En 2022 fue de 250 mil personas menos.
Los menores de dos años no deben utilizar dispositivos electrónicos
La disminución de la población de Japón está teniendo un impacto significativo en la economía del país. El gobierno japonés tiene que destinar más recursos a pensiones y jubilaciones, lo que está reduciendo la cantidad de recursos disponibles para otros gastos, como la educación y la infraestructura. La baja demográfica también está dificultando que las empresas encuentren trabajadores cualificados.
El fenómeno demográfico de Japón es complejo y no hay una solución fácil. El gobierno japonés está tomando una serie de medidas para tratar de revertir la tendencia, pero es poco probable que tenga éxito. La disminución de la población de ese país asiático es una tendencia que se está extendiendo a otros Estados desarrollados, y es probable que sea un desafío importante para la economía mundial en los próximos años.
Además del fenómeno demográfico, Japón también está experimentando un cambio en la estructura de la atención. Este cambio se debe a una serie de factores, incluyendo la creciente popularidad de los dispositivos electrónicos, el aumento de la competitividad en la economía y el cambio en la cultura.
La Organización Mundial de la Salud no recomienda que los niños menores de dos años utilicen dispositivos electrónicos. Sin embargo, un estudio reciente realizado en la República Dominicana encontró que el promedio de uso de dispositivos electrónicos por parte de niños menores de dos años es de 3 horas y 26 minutos por día. En Japón, diversos estudios encontraron que los niños de 2 a 8 años pasan de 2 horas y 45 minutos a 3 horas 30 minutos al día frente a dispositivos electrónicos.
Los hikikomori
El uso excesivo de dispositivos electrónicos puede tener una serie de efectos negativos en el desarrollo de los niños, incluyendo problemas de atención, de sueño y de salud física. También puede conducir a un aislamiento social y a una disminución de la interacción con los demás.
El fenómeno de los hikikomori es un ejemplo de los efectos negativos del cambio en la estructura de la atención. Estos son personas que se recluyen en sus casas durante períodos prolongados de tiempo y evitan el contacto social, y suelen estar motivados por una serie de factores, incluyendo la ansiedad social, la depresión y el estrés.
El fenómeno de los netogehaijin es otro ejemplo de los efectos negativos del cambio en la estructura de la atención. Estos son personas que pasan demasiado tiempo jugando a videojuegos en línea, y tienden a estar motivados por una serie de factores, incluyendo el aislamiento social, la adicción al juego y la búsqueda de emociones intensas.
Este trastorno procura el placer inmediato. Tiene un culto al cuerpo y al individualismo, ya descrito en 2006 por el sociólogo francés Gilles Lipovesky.
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Interesante y preocupante
Son datos estadísticos qué deberían llamar la atención a los planificado res de las políticas públicas de alcance internacional.
Los países desarrollados están en esa misma tendencia.