En 1235, Felipe de Aubigny se dirigió a Palestina acompañado de su sobrino Oliverio. A finales de ese año, un grupo de acecheros cristianos, liderados por Alvar Pérez de Castro y Martín Ruiz de Argote, se infiltraron en el arrabal de Ajarquía.
Manuel García Parody ubicó esta acción en enero de 1236, citando a José Manuel León, quien menciona que:
A principios de enero de 1236, un grupo de castellanos-leoneses, comandados por Álvaro Colodro, Benito de Baños y Pedro Ruiz Tafur, escalaron la muralla de la ciudad en un primer escarceo «donde pudieron comprobar que la población se había refugiado en la Medina tras abandonar la Axerquía [Ajarquía].», nos cuenta Parody (León, 2021).
Ante la confusión vayámonos a las fuentes primarias
García Parody fechó la acción en enero de 1236. Sin embargo, el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada (López de Cortegana, 1516), quien fue contemporáneo de los hechos ubicó el acontecimiento en 1235 con otros jerarcas, aunque Alfonso X (Alfonso X, 1955) escribió que en la infiltración hubo «unos caballeros de frontera» sin referirse a nombres. Esto es lo que dicen las fuentes primarias, que no son las que alude García Parody.
Los mencionados por García Parody parecen ser héroes locales, mientras que Pérez de Castro y Ruiz de Argote eran cercanos al rey de Castilla y León, Fernando III. En febrero de 1236, el monarca sitió Córdoba, y los islámicos se protegieron en la ciudad amurallada. Tras cinco meses de asedio, el príncipe Abú Hasán entregó las llaves de la ciudad a Fernando III, quien devolvió las campanas a la catedral de Santiago de Compostela, que Almanzor había llevado a la mezquita cordobesa casi dos siglos y medio atrás.
Muere el Viejo Señor de Beirut
Entre febrero y marzo de 1236, Federico II lideró el asedio a Chipre, donde murió Juan de Ibelín, conocido como el Viejo Señor de Beirut. El emperador tenía como estrategia continuar las cruzadas, y el papa Gregorio IX ya había hecho un llamamiento. Tyerman escribió que «la mayoría de los grandes señores franceses e ingleses había tomado la cruz a finales de 1236» (Tyerman, 2010, pág. 978).
El 22 de setiembre de ese año, los Hermanos Livonios de la Espada sucumbieron en una batalla en el río Saule, en la actual Lituania. Desconociendo el terreno, quedaron atrapados en un lugar pantanoso, lo que fue aprovechado por las tropas del noble samogitiano Vykintas, quienes rodearon a los cruzados con arqueros y lanceros, matando a una sección de caballeros y una compañía de soldados y auxiliares. Ante la debacle, Gregorio IX dictó ocho meses más tarde la bula dorada de Rimini, que absorbió a los Hermanos Livonios y los incorporó a los caballeros teutónicos, quienes les dejaron autonomía como nueva orden de Livonia.
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