El presidente Ulises Francisco Espaillat sí reconoció como deuda pública los gastos incurridos por el expresidente Gregorio Luperón en su enfrentamiento desde la nave El Telégrafo contra el expresidente Buenaventura Báez. Este último se le sublevó al presidente Espaillat en Azua, y los seguidores del expresidente Ignacio María González tomaron la misma actitud en el Cibao desconociendo el 5 de octubre de 1876 al gobierno.
El expresidente González retornó de Puerto Rico. Se proclamó presidente un mes y una semana más tarde, sin embargo, una junta encabezada por el expresidente Manuel (Memé) Altagracia Cáceres y los generales Pablo López Villanueva y Marcos Antonio Cabral desalojaron el 10 de diciembre a González.
Una semana y tres días más tarde renunció Espaillat. El expresidente Báez volvió a ocupar la Presidencia el día 27, pero cometió el error de cobrarle al gobierno de Estados Unidos 300 mil dólares por el arrendamiento de Samaná, y la oposición, combinada con el presidente haitiano Pierre Théoma Boisrond-Canal, se le rebeló a Báez, quien tuvo que renunciar el 2 de marzo de 1877.
Lilís defiende a Luperón
A la salida del líder rojo se crearon dos gobiernos. Uno en el Cibao con González otra vez como presidente; en el sur y el este con Cesáreo Guillermo a la cabeza, y el expresidente Luperón le dio el apoyo a González, pero aunque no aceptó cargos en ese gobierno recomendó a Ulises Heureaux (Lilís), sin embargo, González no lo nombró, y Luperón proclamó el 3 de agosto un nuevo gobierno con Alfredo Deetjen como presidente.
El otro gobierno de Guillermo rodeó tres semanas más tarde la ciudad de Santo Domingo. González tuvo que irse al exilio, y dándole forma constitucional, Guillermo dejó el 3 de setiembre a Jacinto de Castro a cargo del poder ejecutivo como presidente del la Suprema Corte de Justicia que era.
Con el gobierno de De Castro, el general Luperón se autoexilió en Europa. Volvió en setiembre de 1879, y se autoproclamó presidente en Puerto Plata.
Luperón delega en Meriño
El presidente ya era Guillermo. Cuando este quiso sofocar la proclama de Luperón fue interceptado por el general Lilís en Hato San Pedro, y el 6 de diciembre Guillermo huyó hacia Puerto Rico.
Ya en 1880, Luperón volvió a proponer un presidente con elevadas condiciones éticas. Este fue Pedro Francisco Bonó, pero este rechazó las intenciones de Luperón, y quien asumió en agosto la Presidencia fue quien desempeñaba la función de presidente de la Asamblea Constituyente, el arzobispo Fernando Arturo de Meriño Ramírez.
El presidente Meriño tuvo que clausurar el Congreso Nacional 10 meses posteriores. Ante una maniobra de la corona española para derrocarlo por el apoyo de su partido, el Azul, por la independencia de Cuba se vio precisado a dictar el decreto de «San Fernando».
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