Juan Damasceno fue en principio un servidor de los califatos. Su estirpe procedía de funcionarios que habían servido a los imperios bizantino, sasánida e islámico por su alto nivel social y habilidades en el cobro de impuestos, pero cuando los califas fueron intolerantes con los cristianos, Juan se apartó del gobierno árabe, y se ordenó en 732 sacerdote en el monasterio de San Sabas, a 30 kilómetros de Jerusalén.
El Damasceno escribió la Centésima herejía nueve años más tarde. En esta obra entró en debate con la creencia musulmana y la que él profesaba, que era el cristianismo. Murió el 6 de mayo de 749.
La Revolución abasí
Los escritos de Juan revelaban la discriminación de los omeyas. El ayuno no sería un solo día, sino todo un mes (en el ramadán); las oraciones no serían dirigidas (a la quibla) hacia Jerusalén, sino hacia la Meca; la instauración de una teocracia, que ya se iba eliminando en la era bizantina; prohibieron las cruces cristianas, los mosaicos de las iglesias; impusieron su caligrafía; pero la segregación no solo fue contra quienes no profesaban sus creencias, sino también contra los mawalíes, quienes eran musulmanes no árabes, quienes fueron creando un ambiente que los abasíes aprovecharon para derrocar a los omeyas del poder.
El nuevo régimen tuvo mayor apertura con otras etnias y credos.
la reforma administrativa abrió las puertas a los funcionarios no árabes, a los escribas persas y a los cristianos nestorianos y judíos a la dirección de la economía. Finalmente, los Abasíes comprendieron que con un Imperio tan grande tenían que abandonar el absolutismo Omeya y crear autoridades provinciales con notables locales. Así el Imperio Abasí desarrolló un esplendor cultural, económico, político y administrativo que creó una cultura islámica fundada en el árabe clásico, el estilo de vida persa y la ciencia helenística; tanto como el desarrollo de las cuatro escuelas jurídicas islámicas que aún existen en la actualidad. De facto, todavía hoy el periodo Abasí representa el periodo cumbre del islam. Entonces la ciencia islámica [influida por la Grecia clásica] superaba con mucho a la europea (Ruiz Durán, 2017, pág. 49).
Los fatimíes pactan con los bizantinos
El nuevo régimen islámico trasladó la capital para Bagdad en el 762. Tanto los califas Abu Yafar al Mansur como su sucesor, Al Mahdi se encargaron de reconstruir el Domo de la Roca y la mezquita del al Aqsa, después de este gobernaron 16 califas sin ningún hecho relevante en Jerusalén hasta que los fatimíes la gobernaron provenientes de Egipto.
Los fatimíes, cuyo nombre proviene de la hija de Muhamed (Fátima), se les atribuye descender de ellas, pactaron con emperadores bizantinos para reconstruir la Basílica del Santo Sepulcro. De esta manera, los cristianos recobraron su libertad de practicar su culto, forzosamente cambiado desde la instalación del imperio árabe.
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