La «implosión de la civilización» fue acuñada por el ingeniero y filósofo francés Jean-Pierre Dupuy. La consigna en su libro Pour un catastrophisme éclairé. Quand l’impossible est certain (Por un catastrofismo ilustrado. Cuando lo imposible es seguro) en el cual el autor critica la manera de pensar de la gente con relación a los riesgos.
Debemos recordar que riesgo es igual a amenaza por vulnerabilidad por exposición, y todo esto se divide entre la preparación. Llevando esto a la práctica diremos que los fenómenos hidrometeorológicos (ondas, depresiones, tormentas y huracanes) son muy frecuentes de mayo a diciembre, pese a que oficialmente la temporada ciclónica está limitada de junio a noviembre, en la práctica, la crisis climática ha extendido el período; la vulnerabilidad se encuentra en aquellas viviendas construidas con materiales de madera, cinc, hojalata cercanas a las costas, las márgenes de las cañadas y ríos, y la exposición está dada por la cantidad de personas que se encuentra en esa situación. Mientras la preparación consiste en las alertas tempranas, en la ubicación de refugio, en la atención de la gente a los organismos de la defensa civil.
Disonancia cognitiva
Por tanto, será más catastrófico en un aumento de la frecuencia de las tormentas o huracanes; por más viviendas de frágil construcción, con más personas viviendo en torno a las costas, las cañadas y los ríos y cuando no hay alerta temprana y la gente no pone atención a los llamados de los organismos de emergencia.
Hay otras urgencias que la gente desobedece. Lo hace porque las personas no quieren tener disonancia cognitiva con lo que provocan, según su compatriota Jacques Attali, los problemas económicos, sociales, ecológicos, nucleares, y el sociólogo polacobritánico Zygmunt Bauman agrega el fundamentalismo religioso y el terrorismo.
No vemos el iceberg que tenemos cerca
A todas estas amenazas, el filósofo Dupuy dijo que:
La situación presente nos demuestra que el anuncio de una catástrofe no produce cambio visible alguno ni en nuestra manera de comportarnos ni en nuestro modo de pensar. Incluso cuando se la informa, la gente no se acaba de creer los datos de los que ahora tiene conocimiento.
Racionalidad versus intuición es el debate. Su también compatriota y premio Nobel Henri-Louis Bergson creía en lo último, mientras Dupuy plantea lo tangible, aunque no cree en la gestión de riesgos.
Tenemos los icebergs cerca. No los vemos, aunque ahora disponemos de más tiempo para observarlos.

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