Al Afdal no tuvo el poderío de su padre. El sultanato ayubí se había dividido por la lucha familiar entre su hermano Az Zahir y su tío Safeidin, y no le valió convocar a los emires hacia la capital Damasco.
En Damasco, los emires discutieron la destreza de Al Afdal. Este fue destituido en 1194 por su hermano Al Aziz Utman, sin embargo, a un poco más de dos mil kilómetros al noroeste el rey Enrique VI el Severo tomaba la cruz el 2 de abril del año siguiente (domingo de Resurrección) en Bari con la finalidad de reconquistar para el cristianismo lo que su fenecido padre, Federico Barbarroja, no alcanzó.
Enrique VI inició el reclutamiento. Su oferta fue de 30 onzas troy de oro para los caballeros y 10 onzas para los sargentos; el financiamiento para este alto propósito lo lograría por medio del emperador bizantino Alejo III, este impuesto fue llamado de manera burlona «Alamanikon» por tratarse del Sacro Imperio Romano Germánico.
Muere Enrique VI
En el sultanato Al Aziz Utman murió en 1196. Se debió a un accidente de caza; esto permitió el retorno de Al Afdal al mando de la capital Damasco, y las expediciones de Enrique VI comenzaron a llegar al año siguiente con el duque Enrique de Brabante en Galilea, pero Safeidin dio una rápida respuesta que logró hacer retroceder a los cristianos germanos hacia Acre.
De Acre, los expedicionarios germanos se dirigieron a Jafa. Alla murió el esposo de la reina Isabel, Enrique de Champaña, pero los cristianos se reorganizaron el 22 de setiembre de 1197 para atacar a las norteñas comunidades de Sidón y de Beirut.
Con estos triunfos se restableció la comunicación terrestre cristiana con Trípoli, Tiro y Acre. Sin embargo, el rey Enrique VI murió de malaria en Messina seis días después dejando de heredero a un hijo, Federico, de apenas tres años, quien quedó regido por su madre, la reina Constanza de Altavilla y por Inocencio III.
Inocencio III llama a la cuarta cruzada
La reina Isabel de Jerusalén volvió a casarse en enero de 1198. Estas fueron sus cuartas nupcias con menos de treinta años, pero esta vez fue con Aimery de Lusignan, hermano de Guido, quien dirigía a Chipre.
Aimery firmó en un semestre posterior una tregua con Safeidin. La muerte del rey Enrique VI había desmoralizado a los expedicionarios que se encontraban en el Levante mientras que la reputación del líder ayubí crecía en la zona.
Para recuperar Outremer, Inocencio III envió cartas el 15 de agosto. Tramaba la recuperación de Jerusalén; quiso imponer un impuesto de la cuadragésima cuarta parte de los excedentes de la iglesia para destinarlo a la cuarta cruzada en su bula Quia Maior, que además agregaba una plegaria que llamaba a reconquistar la Tierra Santa, inspirada en el salmo 79:
«Oh, Dios, vinieron las naciones a tu heredad;
Han profanado tu santo templo;
Redujeron a Jerusalén a escombros.»
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