Para Saladino, la solución era la expansión de sus dominios. Para heredar las fuerzas del dirigente Nuraldin tenía que presentarse como un ortodoxo del islam y un defensor de la yihad, por tanto, estableció tácticamente un acuerdo con Rashid al Din Sinan («El Viejo de la Montana»), y en 1184 Saladino fue declarado «el sultán del islam y de todos los musulmanes».
Saladino se alía con Raimundo III
Saladino comenzó a analizar la correlación de fuerzas en Outremer, como se le llamaba al Levante por los europeos. Estableció una alianza con el conde Raimundo III de Trípoli mientras que la situación política en la Ciudad Santa se complicaba por el deterioro de la salud del rey Balduino IV y su sucesión en su sobrino Balduino V, quien solo tenía nueve años.
A tan corta edad, cuando murió su tío Balduino IV, el 16 de marzo de 1185 –aunque Alexandru Roman afirmó que fue en mayo (Roman, 2020, pág. 39),–Balduino V se convirtió en rey, pero con la regencia del conde Raimundo III –según Jonathan Phillips (Phillips, 2020)–, aliado de Saladino, y esta parte Roman atribuye la regencia a Joscelin III de Courtenay (Roman, 2020, pág. 40).
Saladino vence a Jerusalén
La regencia de Raimundo solo duró un año y cuatro meses porque Balduino V murió como consecuencia de un envenenamiento. Ascendió al trono el padrastro del rey, Guy de Lusignan, y:
Por instigación del Gran Maestre del Temple, enemigo jurado de Raimundo de Trípoli, decidieron enfrentar a los musulmanes en los Cuernos de Hattin. La marcha fue «poco estratégica», pero no estuvo condenada hasta que el bravucón de Gerardo de Ridefort, Gran Maestre del Temple, dijo que «los suyos no podían más», ya que no habían alcanzado el lago de Tiberíades, donde podrían abastecerse de agua. La infantería se separó de la caballería, fue masacrada; la caballería se batió valientemente, resistieron varias cargas de los sarracenos hasta que al final, por el agobiante calor de verano, bajo sus armaduras no pudieron mantener en alto sus espadas y cayeron prisioneros.
Saladino, con su propia cimitarra, mató a Reinaldo de Chatillon; todos los templarios y hospitalarios que cayeron prisioneros fueron ejecutados (Reino Đ Jerusalén, s.f.)
Roman describe que el coronado no fue De Lusignan. Señala que:
Debido a un golpe de estado de la facción que apoyaba a Sibilia y Guido de Lusignan, ella fue coronada como reina, aunque a continuación fue obligada a divorciarse de Guido, ya que su persona no era muy apreciada por los señores del reino de Jerusalén. Posteriormente ella se volvió a casar con él tras la coronación, obligando a todos a jurar lealtad a los nuevos reyes (Roman, 2020, pág. 40 y 41).
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