Si la Guerra de 1895 pudo organizarse e iniciarse se debió principalmente a esa importante prioridad que le dio Martí al trabajo secreto y a su capacidad creadora en ese sentido. Fue de esta manera que se pudo burlar todo el aparato de espionaje español y de sus cómplices británicos y norteamericanos como los agentes de la Agencia Pinkerton que dispuso de siete espías a sueldo para vigilar al Apóstol día y noche desde abril hasta agosto de 1880. Y a todos sin excepción los desorientó y esquivó con audacia e inteligencia.
Conspirar es un arte
Para Martí, conspirar era un arte y esa labor la hizo con la misma pasión, amor y nivel ético y estético que puso en toda su obra literaria, periodística, diplomática, política y revolucionaria. Hay muchas formas de demostrarlo, pero ahora al concluir este breve artículo para la revista MININT HOY, de la Secretaría del Ministro, solicitado por su director Teniente coronel Humberto, preferimos hacerlo con la siguiente y preciosa carta del Apóstol escrita y firmada con el seudónimo de D. E. Mantell, el 25 de diciembre de 1894, dirigida desde Nueva York al Sr. Alejandro González. En ella comunicó importantes instrucciones sobre el Plan expedicionario de Fernandina con toda la precaución adecuada para que, en caso de que cayera en manos enemigas, no pudieran saber de qué se trataba con exactitud. Como en toda su correspondencia, su originalidad, creatividad y genialidad volvieron a manifestarse:
Sr. Alejandro González
Mi querido González:
El ‘’Amadís’’ saldrá pronto,– de hecho sale hoy mismo para su carga para las minas–, y quisiera que me tuviese a la gente lista de acuerdo con las instrucciones, y embarcando de vuelta a todos los trabajadores no utilizables. Les agradará tener esta pronta ocasión de hacerlo.
Diga a nuestros amigos que excusen el hacinamiento: Esto me ahorra algún dinero.
Mi hijo Juan va con el señor Miranda. Búsquele inmediatamente. Es portador de instrucciones más detalladas.
Cuide de que mis amigos, así como los trabajadores, sean bien tratados a bordo. El señor Borden me dice que el capitán es hombre muy agradable.
Muy urgido, suyo,
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E. Mantell’’ (2)
Así era el arte de conspirar del más grande de todos los cubanos, quien con el objetivo de alcanzar la independencia y engañar y enfrentar a los enemigos de Cuba, orientó y advirtió siempre a sus compatriotas tener presente las siguientes palabras que podemos leer en sus escritos y discursos: silencio, vigilancia, discreción, desconfianza, reserva, desinformar, fingir, cuidado, sigilo, cautela, invisible, sombra, persecución, redes, acecho, clave, secreto y tinieblas.
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