Con sus fines políticos, unitarios y de divulgación convocaba siempre a los cubanos y cubanas a la celebración del aniversario por el 10 de octubre de 1868. Así, por ejemplo, en el acto celebrado el 10 de octubre de 1891, en el Hardman Hall, de Nueva York, pronunció un discurso donde, entre otras cosas muy importantes, expresó lo siguiente:
Venimos a caballo como el año pasado, a anunciar que al caballo le ha ido bien; que las jornadas que se andan en la sombra son también jornadas; que con las orejas caídas y los belfos al pesebre no se fundan pueblos; que no es la hora todavía de soltarle el freno a la cabalgadura, pero que la cincha se la hemos puesto ya, y la venda se la hemos quitado ya, y la silla se la vamos a poner, y los jinetes… ¡los corazones están llenos de jinetes! La visión del padre glorioso hace jinete al hijo. Lo que no pudo una generación muelle y ofendida, que desconocía el poder que mostró, lo podrá una generación trabajadora y ofendida, que conoce su poder. ¡A caballo venimos este año, lo mismo que el pasado, sólo que esta caballería anda por donde se vence, y por donde no la oye andar el enemigo!
Y es lo primero este año, porque ha pasado por el aire una que otra ave de noche, proclamar que nunca fue tan vehemente ni tan tierno en nuestras almas el culto de la Revolución …
El jinete descabezado
Ya al final de este hermoso discurso convocando a la unidad de nuestro pueblo y con el objetivo de estimular la fe y disposición combativa de los cubanos que se preparaban para iniciar la tercera y última guerra por la independencia y a pocos meses de la fundación del Partido Revolucionario Cubano, señaló algo que viene muy bien recordar y tener en cuenta ahora en estos días actuales de peligro y amenazas por parte del imperio del Norte que ya el propio Martí había advertido y denunciado oportunamente:
Cuentan de un coronel que, en la hora fantástica de la alborada, venía a escape, sable en mano, sobre las filas de los invasores, cuando una bala de cañón le cercenó, como de un tajo, la cabeza. Ni el jinete cayó de su montura ni bajó su brazo el sable: ¡Y se entró por los enemigos en espanto y en fuga el coronel descabezado ¡Pues así somos nosotros amigos de la humildad y del sacrificio! ¡Éntrese nuestro caballo por el invasor y espántelo y derrótelo, aunque no se les vea a los jefes la cabeza!
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