David ben Isaí comenzó su reinado en Hebrón, una ciudad situada a 28 kilómetros al sureste de Jerusalén. La fecha exacta es incierta, pero se estima que pudo haber sido entre el 1024 y 1001 antes de Jesús; con su gobierno en Hebrón, los habitantes de Galilea y Samaria, situados al norte, no se sentían representados por un rey del sur. Por esta razón, David vio en Jerusalén un lugar más central desde el cual podría gobernar con más facilidad a todo Israel.
A David no le importó las maldiciones de los jebuseos
En aquel tiempo, la ciudad de Jerusalén tenía una superficie de 35 mil metros cuadrados y había sido fortificada por los jebuseos en la fortaleza de Sion. Al ser los jebuseos una población no hebrea, esto le daba un carácter de neutralidad a la demarcación. Sin embargo, David decidió romper la paz con ellos y tomar la fortaleza. Los jebuseos, sabiendo que en aquellos tiempos quien violaba un pacto se entendía que recibía maldiciones, advirtieron a David de que «No entrarás aquí; aun los ciegos y los cojos te rechazarán.» (2 Samuel 5:6)
David conquista a Jerusalén cortándole el agua
David logró conquistar Jerusalén gracias al entrar desde la cueva Sorek hasta el túnel de agua que abastecía a la ciudad. Al cortar el suministro del vital líquido, no hubo necesidad de utilizar la violencia, y la fortaleza de Sion se convirtió en la Ciudad de David. La conquista se describe en el segundo libro de Samuel (capítulo 5, versículo 8 ), donde se dice:
«Y dijo David aquel día: «Todo el que quiera herir a los Jebuseos, que suba por el túnel del agua y llegue a donde están los cojos y los ciegos, a los cuales el alma de David aborrece.» Por eso se dice: «Ni los ciegos ni los cojos entrarán en la casa.»»
Hay otra versión de la conquista de Jerusalén en el primer libro de las Crónicas de los Reyes, escrito medio milenio después del segundo libro de Samuel. En esta versión, se le da un poco de gloria a esta conquista, y en él se dice que el triunfo fue capitaneado por Joab ben Seraia.
