El teniente Jalid Islambuli, los sargentos Huseín Abás y Ata Tayel y el civil Abdel Hamid Abdel, quien se infiltró con uniforme militar, caminaron el 4 de octubre de 1981 hacia el campamento Duckstep en El Cairo. Uno de ellos llevaba un maletín marrón, que en su interior había granadas y cartuchos.
Por los tres soldados a Islambuli se le preguntó. Respondió que fueron asignados por los servicios de inteligencia.
Era 6 de octubre, día del desfile. El teniente Islambuli se reunió a las 3 de la mañana con su equipo.
Cargó las cuatro ametralladoras con balas reales. Para diferenciarlas de las que tienen municiones de fogueo a las cuatro armas se les ató un pequeño lazo blanco.
Cuatro horas después el presidente Anwar al Sadat despertó. Se desayunó con una taza de té y una cucharada de miel.
Se vistió. No se puso el chaleco antibalas que le había recomendado su esposa Jehan.
Al Sadat se le escabulló a su esposa. Su costumbre era salir acompañado de la primera dama.
Los conspiradores abordan el camión a las 8:30 de la mañana. Le pidieron al chofer que trajera sándwiches, y en su ausencia aprovechan para esconder granadas de mano en sus gorras.
Pusieron todo lo demás debajo de los asientos. El camión Fiat azul marino partió hacia el desfile en el este de El Cairo.
Media hora después llegó al lugar del evento la seguridad presidencial. Estableció dos puntos de control.
A las 10:30 de la mañana Al Sadat llegó en un Cadillac negro. Iba de pie, acompañado de su vicepresidente Hosni Mubarak, y saludaba al público.
Ocupó la primera fila del palco presidencial diez minutos más tarde. Con la mirada buscaba a su esposa y a sus nietos, quienes se encontraban en una tribuna, el presidente Al Sadat los vio y sonrió.
Ocupó el lugar central, como le correspondía por su alta investidura. A su derecha estaba el vicepresidente Mubarak, y a la izquierda estaba su jefe de seguridad, el general Ahmed al Fuli.
Se sentía seguro. Rodeado de militares como él, y formalmente autorizó el desfile.
Por tierra desfilaba una división de los cuerpos armados. Por el aire surcaban aviones Phantom F4 y Mirage.
Algunos camiones soviéticos se averiaron en el desfile. El camión Fiat se detuvo a la 1:01de la tarde frente a la tribuna presidencial, de él salieron tres conspiradores y el presidente Al Sadat se puso de pie creyendo que era una de las maniobras del evento.
Al Sadat se convirtió en blanco de los militares yihadistas. Lanzaron, primero, granadas, y después dispararon con sus ametralladoras AK47, uno de ellos era un francotirador que se quedó en el camión para tirar; el presidente recibió un disparo en la nuca; 9 personas murieron, y 28 fueron heridos, entre ellos, el vicepresidente Mubarak.
Islambuli exclamó ¡Maté al faraón! El general Al Fuli tomó al presidente por el torso. Cayeron juntos al suelo. Se incorporó sosteniéndolo contra su pecho mientras Al Sadat sangraba por la nariz y la boca. Fue llevado en helicóptero al hospital militar de Mahadi, pero no sobrevivió.
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Recuerdo ese episodio
Que pasó con los conspiradores.