La globalización es un proceso que ha venido tomando lugar desde hace varias décadas y que parece no tener fin en su avance. Sin embargo, es importante distinguir la globalización del neoliberalismo, un modelo económico que se ha montado sobre ella desde la década de los 80 del siglo pasado.
El cuadro de Seabrook
El modelo económico neoliberal el responsable de convertir una parte de la población en una infraclase global. El periodista británico Jeremy Seabrook describió el impacto del neoliberalismo en la vida de las personas cuando escribió en 2004 que:
La tierra que cultivaban, adicta al fertilizante y al pesticida, ya no producen un excedente que vender en el mercado. El agua está contaminada, los canales de riego están encenegados, el agua de los pozos está envenenada y no es potable […] El Estado les quitó el terreno y ha construido en él un centro turístico costero o un campo de golf, o, presionado por los planes de ajuste estructural, lo ha dedicado a la exportación de más productos agrícolas […] No se habían reparado los edificios de las escuelas. Se había cerrado el ambulatorio. Los bosques –de donde la gente siempre había recogido combustible, fruta y bambú con el que reparaban sus casas—se habían convertido en zonas prohibidas, vigiladas por hombres vestidos con el uniforme de alguna compañía semimilitar privada.
El neoliberalismo promueve el individualismo
La cultura también se ve afectada por la globalización porque los países más vulnerables pierden su identidad y se ven obligados a adoptar la cultura dominante para competir en el mercado global. Esto lleva a la homogenización de la cultura, lo que puede resultar en la pérdida de las tradiciones y prácticas culturales. Por ejemplo, un humorista senegalés como Khabane (Khaby) Lame puede llegar a 100 millones de personas a través de la plataforma Tik Tok desde Milán, Italia, mientras que una ceremonia animista en Baja Casamancia, Senegal, no tiene la misma capacidad de difusión.
En ese contraste solo quedará la sensación de pérdida y de nostalgia. Unos cuantos senegaleses recordarán esos ritos animistas de los griots, de los Bediks, los Bassaris, los Badiarankés y los Coniaguis, en consecuencia, habrá una brecha mayor entre el senegalés que vive en Tambacounda, y el que está en Milán, como Lame. El neoliberalismo promueve la lucha por el individualismo y el consumo, lo que se superpone a los anhelos de alternativas más justas y sostenibles.

Excelente tema, muy bueno para fortalecer el intelecto….