En el sur de Francia ocurrió en 1358 una rebelión que marcó la historia del país. La protesta, liderada por los tejedores de Toulouse, Arras, Amiens, Rouen y la región de Languedoc, fue motivada por la pesada carga fiscal que la población llevaba para financiar la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. El malestar era palpable y la gente estaba cansada de soportar la situación, y la lucha social contra las jerarquías políticas y religiosas, se derivó de tal forma, que los revoltosos dijeron que Satanás había creado el mundo material, las guerras y la Iglesia católica.
El pecado se acompañaba del castigo
La acusación contra la Iglesia no era para nada sorprendente porque la Santa Inquisición se había establecido más de un siglo y cuarto antes que la manifestación de los tejedores. Sus antepasados, los cátaros, habían sido víctimas de la represión inquisidora por negar la autoridad del papa y los sacramentos eclesiásticos, incluyendo la eucaristía. Para ellos, el mundo espiritual había sido creado por Dios, pero el material era obra del Diablo.
La Iglesia católica no tenía contemplaciones con cualquier punto de vista contrario a su interpretación del mundo. La persona que descubrieran con otra creencia era convencida por medio del potro para estirarle las piernas o hundirle la cabeza en agua hasta casi ahogarse. También se les fracturaba las falanges de los dedos de las manos, de los pies o los huesos del cráneo; se les introducía una pera metálica en cualquier orificio natural como la boca, el ano o la vagina; se le ataba las manos a la espalda y con una polea; se suspendía a la persona con los pies hacia arriba o se levantaba para que el periné cayera en una pirámide. Por la salud mental de los lectores es mejor detener la lista aquí de los métodos «persuasivos» de la Inquisición.
Se teme a lo desconocido
Todo esto se resume en el miedo a lo desconocido. Afortunadamente, estos métodos de tortura fueron abolidos, pero las actitudes de intolerancia siguen presentes. En la actualidad, en Estados Unidos hay 62 millones de personas que hablan español, en Europa hay 20 millones de individuos que hablan árabe y en República Dominicana hay 956 mil que hablan creole, y lamentablemente, para ellos se les ofrece el infierno del aburrimiento. Aunque parece que hemos avanzado mucho, todavía queda un largo camino por recorrer en términos de respeto y tolerancia hacia las diferencias culturales y lingüísticas.
