Cuando Carlos Marx escribió El capital analizó la jornada laboral, la fuerza productiva y la intensidad del trabajo. Se dio cuenta que los capitalistas en su angurria se verían tentados a maximizar la producción hasta un punto que la misma población, incluyendo los trabajadores, no tendrían la capacidad de absorber, y por la ley de la oferta y la demanda todo producto que abunda disminuye su precio, por tanto, la pretensión del empleador finaliza en lo contrario de su finalidad.
La clase capitalista no se paró en intensificar el trabajo. Con los aportes del ergonometrista Frederick Taylor, y después con el empleo de la maquiladora de Henry Ford el sistema dio un gran salto.
La moda para curar a la superproducción
No obstante, el capitalismo no se salvó de la crisis de la superproducción. La humanidad sufrió el gran crac de 1929, y una de las soluciones para evitarlo fue el establecimiento de la moda. A partir de entonces, la gente ya no cambiaba un artículo por su infuncionabilidad, sino porque ya no era del «gusto» de la mayoría, porque era ridículo y vergonzoso usarlo, aunque cumpliera la finalidad para la que fue fabricado.
Así se creó el Homo eligens, un personaje que caracteriza a este nuevo tipo de ser humano es Percival Bartlebooth, el alto francés, flaco, pálido de cara arrugada que pintaba acuarelas en París para enviarlas a Marruecos para ser convertidas en rompecabezas, según el escritor George Perec. Con la mala suerte de Percival, cuando solo le quedaba una pieza para armar su puzle, esa faltante tenía forma de X, pero la que él tenía en mano emulaba a una W.
Esto produce una insatisfacción permanente. Tal como nos sucede con los teléfonos inteligentes, que apenas transcurren tres meses de uso, y ya la firma que lo produce anuncia con bombos y platillos una nueva versión que supera la anterior, entonces adquirimos la nueva versión del dispositivo sin llegar a un fin, los iPhone van por 16 ediciones.
La obsolescencia programada
Versiones y versiones, y no llega la satisfacción. El Homo eligens está creado por el capitalismo porque este, escribió el sociólogo polacobritánico Zygmunt Bauman:
No puede soportar a los clientes que se sienten comprometidos o leales a algo, o que, simplemente, mantienen una trayectoria coherente y cohesionada que se resiste a las distracciones y descarta los arranques aventureros (salvo, claro está, aquéllos comprometidos con comprar y leales a las trayectorias que les llevan hasta los centros comerciales).
Aunque quieran ser leales, los consumidores también se tropiezan con la obsolescencia programada. El fabricante crea una bombilla o un mouse que tendrá un tiempo de duración, no importa el cuidado que se le ponga, después de tantas horas o tantos clics el dispositivo habrá muerto.

Muy nuen articulo…
Muy buen articulo…
Muy buen articulo….. espero seguir aprendiendo….