La ciberpolítica es la interacción entre actores políticos y sociedad en un ambiente mediado por tecnologías de la información y la comunicación. Al momento que se escribe esta nota la población mundial es de 7,98 millardos de personas, de las cuales 5,22 millardos usaban teléfonos inteligentes en el 2020; actualmente 4,95 millardos acceden a la internet, y 4,55 millardos usaban redes sociales en 2021, lo que significa el 57,02 por ciento del mundo.
El 88 por ciento de los adultos están en redes sociales
Más de la mitad de la población es impactada por la ciberpolítica. Podríamos decir que es mayor porque estamos considerando a la población general en vez de la población adulta, en tal sentido, el 57,02 se eleva a 87,72 por ciento.
Esa gran cuota es aprovechada por quienes usan la ciberpolítica. Existe un neologismo para definirlos, que es el hacktivismo, por ejemplo, el expresidente estadunidense Barack Hussein Obama tiene en su cuenta Twitter 131,83 millones de seguidores, esa es una cantidad superior a la población japonesa, que es la número 11 en el globo.
En el planeta hay quienes desempeñan la política a la vieja usanza. Ellos acuden a los medios tradicionales de comunicación masiva: van a entrevistas; envían notas a los diarios y convocan a los medios a sus conferencias de prensa, sin embargo, el hacktivista genera su propia noticia desde su sitio web o cualquier cuenta de las redes sociales, y la penetración de sus ideas es mayor.
Eco, Bauman, Merejo y Rheingold se contradicen
En cuanto a las redes sociales hay distintas apreciaciones. Hay una muy pesimista del filósofo italiano Umberto Eco, quien dijo:
Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar, después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.[1]
El sociólogo polacobritánico Zygmunt Bauman consideró que:
Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara.[1]
En la zona de confort, el filósofo dominicano Andrés Merejo Checo, expresa que no está el hacktivista. Este tiene una nueva posición sobre las redes, y afirma que:
Tanto Bauman, Bunge como Eco, no perfilaron el cibermundo como sistema social tecnológico, digital y ciberespacial; lo vieron como parte del mismo mundo moderno, no como otra de sus caras. Por lo que no podían asumir una teoría de la ciberpolítica, del sujeto cibernético, que son de las categorías de donde se ha de partir para el estudio de los movimientos sociales que han surgido en los últimos años de este siglo XXI.[1]
No son temblores de insignificante magnitud, sino volcanes en erupción donde se cambian los escenarios y los actores, por lo que la sociedad dominicana transida que vive en lo virtual y en lo real, que ha formado parte de la cultura clientelar y patrimonialista, ha entrado en una ruptura de hacer política, por el proceso de conciencia ciudadana, que al parecer, implica una construcción social más allá de los partidos y los movimientos sociales tradicionales, lo que no significa el fin de estos, pero sí su recomposición en cuanto hacer política y entender la agenda dominicana de cara al cibermundo global.[2]
Para ciberpolítica, el ensayista estadunidense Howard Rheingold, es mucho más optimista. Subraya la próxima revolución social será de las comunidades inteligentes que practican el hacktivismo.
