James Baker, secretario de Estado de Estados Unidos estuvo en Kislovodsk, balneario del Cáucaso, los días 24 y 25 de abril de 1991. En este lugar famoso por sus aguas minerales y su clima se reunió muy brevemente con el presidente soviético Mijaíl Gorbachov y de una manera extensa con el ministro de Relaciones Exteriores, Alexandr Besmertnyj, quien no tenía el peso político de su antecesor, Eduard Shevardnadze.
Besmertnyj era un aparatchik. Más que un jefe de la diplomacia, era un portavoz de la línea dura del Partido Comunista de Unión Soviética (PCUS) y de su complejo militar industrial; con él, el secretario Baker tocó diversos temas, pero con relación al Levante se le pedía la motivación de la participación de los Estados árabes y de la representación palestina para la Conferencia Internacional de Madrid; ambos analizaron la situación entre Kuwait e Irak, y estuvieron de acuerdo con la presión al presidente Sadam Huseín para el cumplimiento de las sanciones de las Naciones Unidas.
Unión Soviética, como coauspiciador de la Conferencia de Madrid, atravesaba una situación política delicada. Precisamente, en esos mismos días se reunía el Comité Central del PCUS, en el cual el sector conservador atacaba la gestión del presidente Gorbachov, por eso el encuentro del mandatario soviético con el secretario Baker fue muy breve.
A Gorbachov se le acusaba de traición. El día anterior había firmado el pacto de 9+1, es decir, nueve repúblicas soviéticas se separaban, pero se comprometían a coordinarse entre sí cambiando el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por Unión de Estados Soberanos, y esto desató la ira del sector conservador dentro del PCUS.
El PCUS constitucionalmente había perdido el monopolio del poder el año anterior. El presidente Gorbachov consideraba que el partido debía tener un carácter socialdemócrata.
El exnúmero dos del partido tomó la palabra. Se trataba de Yegor Ligáchov, quien acusó al presidente Gorbachov de haber engañado al PCUS y llevado a Unión Soviética a un desastre.
Unión Soviética debía tomar un giro hacia el orden, al criterio de Ligáchov. Su discurso a favor del restablecimiento de la disciplina estatal fue respaldado por el primer secretario del partido en Leningrado, Borís Gidáspov y por otros secretarios regionales y altos militares, quienes pedían la salida del primer ministro Valentín Pávlov, que era una manera disimulada de desprestigiar al presidente Gorbachov.
Gorbachov, al escuchar la andanada de discursos en su contra, dijo: «Si el partido considera que no estoy a la altura de las circunstancias, estoy dispuesto a marcharme. Que el pleno decida.»
Abandonó la sala. La conducción de la caldeada reunión quedó en mano del segundo al mando, Vladímir Ivashko, lo que generó una reunión de urgencia del politburó, y calculando el impacto político recomendó al comité central que rechazara la renuncia a la Secretaría General del presidente Gorbachov. El cargo del partido, después de la muerte de Vladímir Ilich Lenin, era el de mayor influencia que el de la Presidencia en Unión Soviética.
Sobre el rechazo a la renuncia a la Secretaría General del partido por parte de Gorbachov se votó de manera secreta el día 25. Los resultados fueron 322 rechazaron la dimisión, 14 se abstuvieron y 13 estuvieron a favor, por tanto, aunque aparentaba un contundente respaldo al presidente soviético, en verdad, la autoridad del líder quedó muy debilitada.
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