Federico de Suabia, hijo mayor de Barbarroja, quedó al mando del Sacro Imperio Romano Germánico. Al ahogarse su padre, encabezó una brigada, es decir, las fuerzas se disminuyeron 30 veces menos de cuando partió desde Ratisbona, y cuando llegaron en setiembre de 1190 a Antioquía allá fueron atacados por la peste.
Las tropas romanogermánicas disminuyeron porque tenían que costearse a sí misma
¿Por qué disminuyó la tropa romanogermánica? ¿La superstición sobre la forma de la muerte de su monarca? ¿El poco liderazgo de su hijo? Tyerman Christopher da una explicación:
Federico trató de insistir en que cada cruzado debería pagarse su propio pasaje, y hacía hincapié en la importancia de que la organización del reclutamiento y los reclutas estuviera en manos de los magnates locales y las comunidades urbanas más allá del amplio séquito militar del propio rey, por lo que gastó sus propios fondos, posiblemente aumentados con una tasa impuesta a los judíos y una especie de tasa sobre los hogares, exigida en las tierras del rey. No obstante, el grueso de su enorme fuerza, que algunos calcularon en veinte mil caballeros y ochenta mil soldados de infantería, no fue reclutado ni financiado directamente por la corona, lo que tal vez contribuyó a su desintegración cuando el propio Federico murió antes de alcanzar Tierra Santa (Tyerman, 2010, pág. 493).
Hacia Jerusalén en junio había salido el rey de Francia Felipe II. Sin embargo, el poder militar de este fue menor, solo un batallón de caballeros y escuderos, y con sus escasas recaudaciones contrató un transporte en Génova.
La fuerza militar de Ricardo Corazón de León fue mayor. Pudo usar el «diezmo de Saladino», que fue un impuesto creado en los Estados que consideraron la bula del papa Gregorio VIII, para llevar una brigada del ejército y una división de marinos con una compañía de naves; llegó a la Ciudad Santa, al igual que el rey francés, y allá compitieron los monarcas en la oferta de sueldos para sus tropas.
Guido no cumplió su promesa
El rey Guido de Lusignan había sido liberado por Saladino. No obstante, no cumplió su juramento de estar en paz con el dominio ayubí, por tanto, organizó una rebelión que fue sumando adeptos «venidos de Dinamarca, Germania, Frisia, Flandes e Inglaterra, así como el numeroso grupo de franceses del norte que encabezaba Jaime de Avesnes, uno de los nobles que había tomado la cruz con Enrique II y Felipe II en Gisors» (Tyerman, 2010, pág. 518).
Los cristianos, dirigidos por el rey Guido, se habían constituido en un cuerpo de ejército. Saladino los enfrentó el 4 de octubre en Acre, y de acuerdo con el abogado, diplomático e intelectual asistente del sultán Bahaldin ibn Shadad «afirmó disponer de pruebas innegables de que habían muerto más de cuatro mil cristianos, solo en el ala izquierda de su ejército» (Tyerman, 2010, pág. 519 y 521).
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