Federico II llegó en julio de 1228 a Chipre. Su presencia, sin la bendición papal, causó una reacción negativa en Juan de Ibelin, quien había asumido la regencia de la isla, pero fue destituido por el emperador sacro santo, quien estableció un consejo de cinco nobles; gestionó la boda de Enrique con Alicia de Montferrato, y de esta manera el punto pasó a ser parte del reino de Jerusalén.
El reino de Jerusalén no estaba en la Ciudad Santa. La formación política estaba compuesta por Tiro, Acre, Cesárea y Arsuf en una treintena de años atrás, y desde 1206 se agregaron Beirut, Sidón y Jafa.
A Acre, Federico II llegó en setiembre de 1228. Desde ese lugar, que era la capital del reino, conquistó las ciudades de Belén y de Nazaret; restableció el dominio cruzado de Cesárea y Jafa, gracias al duque Enrique de Limburgo y al mariscal Ricardo Filangieri, sicilianos, y pactó en Jafa cinco meses después con Meledin la entrega de Jerusalén con la condición de que los musulmanes pudieran llegar a los centros islámicos de la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al Aksa.
El perfil de Federico II
En Jerusalén, Federico II se coronó en la iglesia del Santo Sepulcro en marzo de 1229. En el portal corporativo de El Reino de Jerusalén se dice que: «Federico II era un hombre audaz, valiente y con una superlativa inteligencia que rápidamente lo ayudaba a amoldarse a los diferentes escenarios con éxito. Su multiplicidad de recursos personales le daba un abanico de posibilidades vedadas a otros» (El Reino de Jerusalén, s.f.).
Mientras Christopher Tyerman describía a Federico II como:
Cultivado, intelectual, lingüista, erudito, experto en el arte de la cetrería y un político imaginativo, arrogante, ambicioso y enérgico, no era menos sincero en sus ambiciones cruzadas que Ricardo I. La causa ocupó un lugar central en la política (Tyerman, 2010, pág. 960).
El pacto de Jafa
Por estas razones, la sexta cruzada, agregó Tyerman
La dirección y el núcleo militar de la expedición de Federico dependían del férreo control impuesto por la financiación principal, en forma de subsidios reales o eclesiásticos concedidos a los líderes individuales y de impuestos laicos y clericales. Así, probablemente constituyera una de las expediciones a Tierra Santa más profesionales hasta la fecha, en el sentido que muchos, tal vez la mayor parte, de los soldados participantes cobraban sueldos y eran transportados por sus lacayos (Tyerman, 2010, pág. 961).
Los cruzados, con Federico II a la cabeza, en Jerusalén reconstruyeron la Puerta de San Esteban y la Torre de David. Detalló Tyerman que:
Jerusalén, Belén y Nazaret, los lugares de la Crucifixión, de la Natividad y de la Anunciación fueron restituidos al gobierno de los cristianos, unidos por corredores territoriales que enlazaban con la llanura costera gobernada por los francos. La totalidad de Sidón fue cedida a los francos, lo mismo que Torón, en Galilea occidental, aunque con la estipulación de que no debería ser fortificada, una restricción que, pese a la afirmación de al-Kamil [Meledin] en sentido contrario, no se aplicó en Jerusalén o en otros lugares.
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Genial! Gracias, Joaquín. Esto enriqueció mi averno. Muchas gracias. Dios te bendiga.