Hay compañeros y compañeros del mismo modo que hay necesidades y necesidades. La anterior perogrullada significa que no todos los peledeístas son iguales como tampoco lo son sus necesidades.
Las personas tienen cada una un mundo propio exclusivo compuesto por una historia (un punto de partida y vivencias que dan forma a expectativas), una formación que reciben de la familia y de su medio social. Todas esas condicionantes sumadas a otras inclusive de origen fisiológico hacen de cada quien un ser único que a su vez siente necesidades propias. Dos personas, por ejemplo, que busquen empleo y reciban la misma oferta no experimentarán igual alegría si su punto de partida en la procura del empleo es diferente. Pongamos por caso que a ambas les ofrecen un salario de RD$80,000 al mes, pero una está desempleada y la otra gana en ese momento RD$50,000 al mes.
Sin embargo, la diferencia existente en las personas no significa que actuemos de manera diferente siempre y sobre todo ante estímulos o situaciones iguales. Uno de estos casos lo tenemos ante la seguridad y su opuesto, la incertidumbre. Obviando las condicionantes como el punto de partida, si a cada uno de nosotros se nos ofrecieran RD$2000 si acertamos en la manera en que caerá una moneda lanzada o solo RD$500 sin participar en el juego de la moneda, la mayoría nos decidiremos por lo seguro, los RD$500.
Sin ánimo de querer igualar el juego del lanzamiento de una moneda a la situación en que la vida coloca a algunos que deben decidirse entre seguir en una organización en la que han militado por años o abandonarla, la mayoría de esas personas creen que se están decidiendo por lo que piensan es lo seguro al optar por marcharse. (Y para los que consideren que Fulano no se va por dinero porque ya está realizado económicamente les decimos que recuerden lo dicho sobre el punto de partida y lo diferente que son las necesidades en cada quien).
Estamos ante el dilema «incertidumbre versus seguridad». Y su solución favorable a nuestro partido, a nuestra causa, es saber vender a nuestro candidato presidencial ahora y luego a los candidatos congresuales y municipales, y saber vender el posicionamiento privilegiado de nuestra organización.
Ambas cosas solo las podemos hacer con trabajo, trabajo intenso e inteligente. ¡Cero excusas! ¡Cero pretextos! ¡Cero blandenguerías! de que si participo en un esfuerzo concentrado no puedo participar en el otro (algunos van más lejos y consideran que la participación en un esfuerzo concentrado los exonera de participar en el otro); ¡cero blandenguerías de si voy a una reunión no puedo asistir a la asamblea de un par de días después. A veces da la impresión de que tenemos una generación de peledeístas también de cristal.
Insistimos en lo que hemos dicho en otras ocasiones: la lucha se libra ahora por colocarnos en la mente de los electores. A eso los entendidos en marketin político llaman posicionamiento, y el posicionamiento se logra con trabajo, no con pretexto, no con excusa.
Así pues, continuemos en las calles completando el millón de amigos de Abel, y hagámoslo sin distracción de ningún tipo, como dice nuestro secretario general Charlie Mariotti.
Nota: En la elaboración de este comentario el autor se declara deudor de lo dicho por el psicólogo Daniel Kahneman, único Premio Nobel de Economía (2002) no economista, en su libro Pensar rápido, pensar despacio.
Martes 21 de marzo de 2023.
