La agricultura ha sido una fuerza transformadora en la historia humana. Hace unos diez mil años, los humanos comenzaron a cultivar plantas y criar animales, lo que les permitió dejar de ser nómadas y establecerse en comunidades permanentes. Este cambio tuvo un impacto profundo en la sociedad humana, dando lugar al desarrollo de la escritura, la metalurgia, las ciudades, y las primeras civilizaciones.
El asentamiento humano generó las poblaciones. Más tarde surgieron las ciudades, en principios en Oriente Medio; luego en China; después en África, y finalmente en América, hubo de transcurrir cinco milenios para que la agricultura y la ganadería fueran actividades comunes en todo el globo. Los primeros agricultores eran ricos y poderosos, mientras que los que no cultivaban eran pobres y dependientes de ellos. Esta división social dio lugar a conflictos y guerras, que han sido una constante en la historia humana.
La agricultura y el Estado han sido dos de las fuerzas más importantes en la historia humana. Han moldeado la sociedad humana y han dado forma a nuestro mundo actual.
Se peleaba por el agua, la tierra y el ganado. Los mayores propietarios dirigían; pagaban a quienes los protegían; los vencidos quedaron esclavizados precisamente para sembrar y criar, y de ahí surgió la necesidad de mantener permanentemente un mecanismo de dominación de los más poderosos contra sus adversarios exteriores, y para garantizar la explotación de sus esclavizados, y surgió el Estado.
El Estado como maquinaria de opresión
Esta maquinaria fue descrita por Carlos Marx y Federico Engels en su obra La ideología alemana señalando que:
El Estado es un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. El Estado es, por tanto, la organización de la clase dominante para la opresión de la clase oprimida.
Los oprimidos están sometidos por el poder. Los cuerpos armados eliminaban adversarios o a quienes osaban sublevarse contra el estado de cosas.
Desde ciudades como Bagdad o Babilonia hasta nuestros días los dominantes ejercen el poder usando ese aparato llamado Estado. Quienes luchan por tener ese dominio o quienes han sido desplazados solo disponen de la política, que consiste en elegir lo que el poder puede ejercer.
La arquitectura impuesta tras la Segunda Guerra Mundial
Los vencedores de la Segunda Guerra Mundial diseñaron una arquitectura del mundo que comienza a desmoronarse. En 1945 Estados Unidos representaba el 54,5 % del producto interno bruto del mundo, pero en la actualidad es apenas el 24,4 %, y en esa oportunidad se alió a la otrora Unión Soviética, China, Reino Unido y Francia, que juntos todos producían el 94,7 % de la economía mundial, y todavía son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que dictatorialmente no puede tomar una resolución sin la objeción de estos privilegiados.
Los «dueños del mundo» no tardaron en enfrentarse. Esta fue la Guerra Fría con manifestaciones ideológicas y políticas, porque los países capitalistas como Estados Unidos y Reino Unido se pusieron de un lado, y los países socialistas como era la Unión Soviética y China por el otro, teniendo a Francia, como un punto de equilibrio por su distancia con respeto a Estados Unidos y a Reino Unido, aunque también es una sociedad capitalista.
Los empresarios formaron un poder fuera de las esferas gubernamentales. Crearon el Club de Bilderberg, y luego la Trilateral, para su espacio de flujo, pero ya el Atlántico no es el fuerte. El poder comienza a ser desafiado por países emergentes nucleados en el BRICS.
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