Nos pasamos la vida esperando el «knockout» o el jonrón con la base llena en el noveno «inning». Y es que nos hemos habituado tanto a las cosas grandes que perdemos de vista lamentablemente las pequeñas, que, a fuerza de su reiteración, de su peso numérico, terminan siendo en muchos casos las determinantes en los procesos.
La generalidad de las telas que vemos está compuesta por hilos, unos dispuestos a lo largo y otros de manera tangencial a estos; a los primeros lo llaman trama y a los segundos urdimbre. Cualquiera de nosotros puede romper con facilidad un hilo, dos, hasta cinco y diez juntos, pero nos será imposible romper un pedazo de tela, que es la sumatoria de hilos dispuestos de la forma mencionada.
El ejemplo puede servirnos para entender la importancia de una hebra de hilo cuando trabaja en combinación con otras. Sin embargo, esto, que es tan fácil de comprender, nos ha resultado difícil de hacérselo entender a algunos compañeros que no valoran en política la importancia de las cosas pequeñas, que es con las que con más frecuencia nos topamos, claro vistas no de manera aislada sino cuando actúan en combinación con otras, como hemos visto en el caso de los hilos en la tela.
Todos los capitaleños que, hasta el 19 de mayo de 2020, o sea el día previo al de la votación de ese año, pasaban por la cercanía del parque Independencia veían siempre a partir de las 6:00 pm unos vasitos que rodeaban el parque con una vela encendida dentro. Eso motivaba que algunas personas se preguntaran si había alguna protesta, si habían matado a alguien y a qué se debían esos vasitos. Se trataba de una pequeña acción política de nuestros adversarios que de manera religiosa todos los días, sin importar la amenaza de lluvia, cumplían con su pequeña tarea de encender velas entorno del parque Independiente. Un día por fin vi a los responsables de ese trabajito. Eran una mujer morena, de mediana edad, y dos hombres, uno robusto que parecía el de la seguridad de ese pequeño equipo del que los otros dos se dedicaban a colocar el vaso, meterle la vela y a encender esta. En apariencia la tareíta era inofensiva. Era una pequeña protesta contra el gobierno y era esa su forma de hacerle saber a todo el que pasaba por ahí que había alguien inconforme con los peledeístas.
Nadie será tan simplista para creer que esa pequeña acción fue determinante en la derrota del PLD en las elecciones de 2020. Ese pensamiento sería una gran desproporción. Realmente perdimos por una suma de cosas como la división del Partido en octubre de 2019, la mala dirección de la campaña electoral de ese año, el dejar solo al candidato presidencial, entre otras de gran calado. Eso todos lo comprendemos; lo que perdemos de vista es que muchas cosas pequeñas al final también nos ocasionaron gran daño.
Los compañeros que menosprecian el peso de las acciones pequeñas en los grandes triunfos regularmente consideran, por ejemplo, que el uso de una gorra es intrascendente. Y si el uso de una gorra es intrascendente el uso de un afiche lo es mucho más, e incluso el uso de una valla, sin importar su tamaño, como también lo es el uso de un spot publicitario por más hermoso que sea. La importancia del spot está en la cantidad de veces que lo pasen por los canales de televisión y la importancia de la valla está en la cantidad que haya en diferentes puntos estratégicos y a lo largo de las principales carreteras del país, y la importancia del afiche está en la cantidad que se haya colocado en lugares estratégicos. En entonces caemos en lo mismo que hemos dicho de las cosas pequeñas: su importancia está en la reiteración, en la cantidad, en lo sistemático que se sea en su presentación, en su difusión.
Volviendo a la gorra, bien vista esta es mucho más importante que un afiche y una valla porque la gorra presenta la ventaja de que es una especie de afiche o valla en movimiento, pero además es un medio de propaganda que no está en un inmueble, sino que la porta un ente vivo, alguien que no necesita decir con palabras, porque lo expresa con la gorra, que se identifica con el candidato o el partido que se promueven ella. Entonces, así como un hilo por sí solo es irrelevante, una gorra por sí sola podría considerarse irrelevante. Pero, así como un conjunto de hilos ya pasan a ser algo importante en la existencia de una tela, un conjunto de gorras moradas pasa a ser algo importante en la venta de una oferta electoral, llámese candidato o partido.
¡Reivindiquemos el uso de las gorras del Partido! Digamos con ella que estamos con el PLD y Abel Martínez. Si cualquier militante de otro partido puede encasquetarse una gorra sin temor a la burla, sin sonrojarse siquiera, más podemos hacerlo los miembros de un partido de realizaciones como el de la Liberación Dominicana.
Declaremos el próximo sábado día morado usando nuestras gorras moradas. Esa sería una buena manera de preparar el recibimiento del compañero Abel el día siguiente en nuestra circunscripción.
Miércoles 15 de marzo de 2023.
Nota:
Este comentario va dedicado de manera especial a los compañeros y las compañeras a los que se les ocurren buenas ideas, pero que deciden no compartirlas. La historia del Partido y del movimiento revolucionario internacional enseñan que las buenas iniciativas salen en ocasiones de los lugares menos esperados. Veamos dos casos:
- La idea de hacer un periódico en el PLD («Vanguardia del Pueblo») la presentó un compañero de Villa Riva llamado Enrique Matasanto. La expuso en la conferencia «Salvador Allende». Matasanto me dijo que se le ocurrió cuando leía el libro de Lenin «¿Qué hacer?», en el que Lenin se refiere al periódico «Iskra» (La chispa).
- El denominado ‘Sábado Comunista’ o ‘Sábado Rojo’ fue iniciativa de tres o cuatro obreros ferroviarios. Llegó el viernes, último día laboral de la semana, y ellos se pusieron de acuerdo para volver al trabajo al día siguiente y trabajar sin recibir paga en la reparación de unas locomotoras que debieron de estar listas el día anterior. Esto fue el 12 se abril de 1919. Ese día no laborable repararon tres locomotoras que se necesitaban. Hay que recordar que en Rusia había en ese momento una guerra civil. A partir de esa experiencia se institucionalizó en el partido Bolchevique el ‘Sábado Comunista’, alabado por Lenin en el artículo «La gran iniciativa», que luego se publicó en forma de folleto.
