Luego de la proclamación del Estado palestino, la Organización para la Liberación de Palestina consideraba que Yaser Arafat debía participar en la próxima sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que tendría lugar a final de 1988 en Nueva York. La solicitud de visa del líder árabe fue denegada el 26 de noviembre de ese año, según anunció el secretario de Estado George Shultz por seguridad nacional.
El anuncio de Shultz causó una controversia. Entre Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) existe el Acuerdo de Sede de 1947 que obliga al primero a permitir la entrada de los invitados del organismo multilateral a sus actividades.
La negación de visa a Arafat lo sustentaba Shultz en que la OLP era una organización terrorista. La ONU decidió cambiar la sede de su asamblea general para Ginebra, Suiza.
La asamblea se reunió el 13 de diciembre. Arafat pudo participar y dio su discurso, pero para el gobierno del presidente Ronald Reagan no estaba explícito el rechazo de la OLP a las acciones terroristas y al reconocimiento de Israel.
Buscando esa aclaración, el enviado de Estados Unidos para Medio Oriente, Richard Murphy, tuvo una intensa comunicación con los intermediarios de la OLP. Al día siguiente el líder palestino Arafat convocó una rueda de prensa donde leyó un documento en inglés con la asistencia de diplomáticos árabes y europeos, y quedó establecido que él rechazaba el terrorismo en todas sus formas y en la aceptación de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Arafat, al ser preguntado por los periodistas, confirmó el derecho de Israel a existir. La reacción del Departamento el día 15 fue anunciar las negociaciones con la OLP en Túnez.
La OLP designó a Yaser Abed Rabo para las negociaciones. El Departamento de Estado designó a su embajador en Túnez, Robert Pelletreau.
Pelletreau describía el panorama de Túnez con relación a los Estados socialistas en ese momento mediante el cable 88TUNIS12749_a:
El expresidente Habib Bourguiba era un acérrimo anticomunista y no tenía reparos en dar a conocer sus puntos de vista prooccidentales. Durante este período, es probable que la mayoría de las embajadas comunistas en Túnez estuvieran allí simplemente para mantener relaciones con la OLP y el contacto con la Liga Árabe (ambas con sede en Túnez), en lugar de centrarse en relaciones bilaterales con Túnez. Desde el cambio de 1987 y durante 1988, se observó una tendencia de acercamiento en las relaciones con la Unión Soviética y otros países del bloque, que se manifestó en un aumento de las actividades culturales y una mayor cobertura de los acontecimientos internos soviéticos en los medios tunecinos. La razón tradicional de Túnez para mantener buenas relaciones con la Unión Soviética radicaba en la creencia del Gobierno de Túnez de que la Unión Soviética ejercía una influencia moderadora sobre Libia (con quien el Gobierno de Túnez restableció relaciones diplomáticas en diciembre de 1987).
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