Osirak era un proyecto de producción de energía atómica en Irak, y su director, el ingeniero egipcio Yahia Abdel Kader al Mashad, había llegado a París el 9 de junio de 1980. La visita consistía en cerrar las negociaciones de entrega de uranio enriquecido a Irak por parte de la compañía Technicatome y el Comisariado de Energía Atómica.
Cuatro días más tarde, Al Mashad cenó con colegas franceses. Luego él siguió hacia el hotel donde se hospedaba, el Méridien, y en el bar se juntó con Marie-Claude Magalle, una joven rubia y elegante con la cual subió a su habitación, la 9041.
Cuando la camarera fue a limpiar la habitación, día 14 a las 9 de la mañana, encontró el cuerpo en la cama sin vida de Al Mashad. Tenía una fractura craneal y una incisión en el cuello que le cortó la vena yugular y la tráquea.
La habitación no tenía señales de forzamiento de puerta ni de ventanas. Solo faltaban dos objetos: un grueso cenicero y el portafolio de Al Mashad, que contenía su pasaporte, talonario de cheques y documentación sobre los contratos nucleares.
Como acompañante de Al Mashad, la policía francesa logró identificar a la joven. Dijo que salió de la habitación a las 1:30 de la mañana porque el ingeniero se encontraba indispuesto, y que dos hombres, que se identificaron como colegas, entraron para establecer unas negociaciones de urgencia.
La mujer declaró que se dedicaba a prestar servicios sexuales de lujo. Fue dejada en libertad, y murió el día 28 arrollada por un vehículo, cuyo chofer emprendió la fuga, y no fue encontrado.
Un mes y medio más tarde las oficinas romanas de SNIA-Techint sufrieron una explosión. Esta era una empresa italiana que proveyó tecnología de reprocesamiento de plutonio para el reactor nuclear en Irak.
El reactor fue el denominador común de los episodios violentos en Roma y en París. Alguien tenía el temor de que Irak produjera armas atómicas; las sospechas llevan hasta Israel, el caso Al Mashad quedó sin resolver en París, y en Roma, las «Células Revolucionarias» reivindicaron el atentado.
Israel no era la única amenaza para Irak. En su frontera este gobernaba el ayatolá Ruholah Jomeini, quien había estado exiliado en territorio iraquí predicando que la población chií, mayoritaria en el país, se sublevara contra el Partido Baaz, del cual el presidente Sadam Huseín era su líder.
Sadam calculó que era el momento de atacar a Irán. Tomó en consideración las depuraciones que llevaba a cabo la Revolución en los altos mandos militares y el aislamiento por su enfrentamiento al gobierno de Estados Unidos.
Creyó que era el momento de denunciar el acuerdo fronterizo entre los dos Estados. Este pacto determinaba que Irak e Irán debían compartir la vía fluvial de Shat el Arab, con lo que él consideraba que debía ser de beneficio exclusivo de su país, y el 17 de setiembre dijo que no cumpliría con ese instrumento jurídico internacional. Su ambición de convertirse en el líder panarábigo le traería graves complicaciones.
#AlMashad #Habitacion #Irak #Sadam #Israel